sábado, 14 de abril de 2012

Cambiar

Antes de embarazarme me encontraba en una etapa de la vida muy especial. Estaba recién casada, haciendo mi tesis para titularme de Psicóloga y sometida al estrés de los tratamientos de infertilidad. Era muy joven, tenía el mundo por delante y sabía que mis posibilidades eran millones. Sentía que la vida se abría ante mí: podía elegir entre muchas alternativas.

En esa época hice un curso de bonsai, y, como casi en todo lo que emprendo, me obsesioné un poco. Leía todos los libros que caían en mis manos sobre técnicas para hacer bonsais (tengo muchísimos), compré herramientas, materiales, leí revistas, fui a las pocas tiendas que en esa época existían en Santiago y llené mi departamento (su terraza) de mis preciosas creaciones. La verdad es que el tema es fascinante. Cada bonsai es un mundo en sí mismo, con su estilo, sus necesidades y su ritmo de crecimiento particulares. Dedicarse a los bonsais requiere de una rigurosidad y una paciencia enormes, pero la satisfacción de ir notando cada nuevo brote de tu "hijo" es tan grande que vale la pena.

Me embaracé y todo cambió. Hemorragias, amenazas de aborto y de muerte de uno de mis hijos nonatos, reposo relativo (que yo convertí en absoluto por miedo), temor al futuro inmediato (¿Volveré a sangrar hoy?) y al más lejano (¿Cómo me las arreglaré para sobrevivir a la muerte de un hijo y salir adelante con otros dos? ¿Y las secuelas de la prematurez? ¿Y mi relación matrimonial? ¿Y yo? ¿Qué ocurrirá con mi vida?), todo eso me hizo dejar botado mi pasatiempo. Mis bonsais murieron de sed, así de simple: no volvieron a ser cuidados ni alimentados nunca más.

Y mi mundo se estrechó. Mis alternativas se redujeron a unas pocas. ¿Viajes? ¿Post grados? ¿Amistades? ¿Nuevos negocios? ¿Trabajar? ¿Dormir? ¿Comprar algo para mí? ¿Tener vida de pareja? ¿Salir a caminar? ¿Comer sentada frente a un plato? ¿Seguir una serie de televisión? ¿Conversar con una amiga?. Hubo tantas cosas que salieron de mi abanico de alternativas... Los bonsais fueron los primeros. Después fueron saliendo otros aspectos de la vida hasta verme reducida a madre y nada más que madre.

Fui madre sufriente, madre agotada, madre orgullosísima, madre temerosa, madre satisfecha, madre valiente, madre contenedora, madre equivocada, madre estimulante, madre feliz, madre cariñosa, madre dubitativa, madre frustrada, madre sobrepasada, madre sabia, madre culposa, madre sola, madre realizada... Fui casi todas las madres.

Han pasado 10 años desde el día en que mi test de embarazo dio positivo, y algunos tantos desde que comencé a intentar ser Natalia. Natalia que es madre, mujer, amiga, pareja, compañera de fiestas, estudiante, Psicóloga, hermana, hija... Natalia.

Y no ha sido fácil. 

Al principio no sabía cómo empezar.¿Por dónde se comienza a recuperar algo que se perdió y se olvidó? Luego tuve algunas ideas, pero yo misma parecía tan acostumbrada a mi rol de madre que me resistía inconscientemente a cambiar. De a poco, fueron surgiendo algunos esbozos del ser humano que se escondió tras la madre. Y hoy me encuentro en pleno proceso de cambio. Un cambio no tan satisfactorio como imaginé, más difícil, pero tan necesario como volver a respirar después de permanecer largo tiempo bajo el agua.

Siempre, cada año, pienso que sería lindo volver a hacer un bonsai. Sólo uno, no quiero ser tan ambiciosa y creer que tendré tiempo para llenar mi casa de ellos. Y cada año lo dejo para el siguiente. Parece que no estoy preparada, que mis hijos no lo están, y se me pasa agosto (el mes para convertir un arbolito en un futuro bonsai) sin haberlo hecho.

Me huele que este agosto sí lo haré. He cambiado muchas cosas. He logrado hacer renacer a la Natalia en muchos aspectos. Esta Natalia merece y está lista para un nuevo bonsai.

Nunca dejaré de ser madre. Nunca dejaré de respirar por y para mis hijos. Jamás me arrepentiré de haber vivido esos años tan intensos en que fui madre y nada más. Pero ¡qué bien les hace a los hijos que su mamá sea capaz de mirarse a sí misma y satisfacer también sus propias necesidades! Si hubiesen visto sus caritas el otro día cuando les conté algunos detalles de mi postítulo: mis profesores, mis compañeros, las evaluaciones, etc, lo entenderían. Ellos necesitan una madre-persona, no una madre-madre. 

Y yo necesito un bonsai. Este agosto sí que lo haré nacer.

12 comentarios:

MisMellis dijo...

Pues ya sabes en agosto ponte con tu bonsai... que tal y como tu dices tus hijos ya no van necesitando una madre-madre y debes recuperar a la Natalia Madre-mujer y empezar una nueva vida sin tanto miedo y temor... no olvides irnos contando que tal va tu bonsai

Chiquita adorada dijo...

Espero en agosto leer que tu bonsai está en camino. Creo que todas las que en algún momento nos hemos convertido en madre-madre y hemos dejado a la mujer, a la persona, a un lado deberíamos buscarnos nuestro "bonsai"!! Me ha encantado la entrada, me dejó con el gusanillo y las ganas de emprender algo...

Carol dijo...

Creo que llega un momento en el que estamos preparadas y necesitamos mirar un poco más hacia nosotras. Eso es bueno, porque también les hace bueno a nuestros hijos ya que ellos también necesitan otras cosas.
Un abrazo

Sara M. dijo...

Yo lo he intentado desde el principio. Evidentemente no es lo mismo uno que tres, pero para mi salud mental era necesario. Como además no trabajo fuera de casa, no puedo permitirme muchos caprichos económicos, pero si personales: salir tranquilamente a comprar una goma de borrar, ir tres veces a cambiar una camisa de mi hijo porque no atino con la talla, tomar un café mañanero con amigas... Recuerdo cuando eran más pequeños, sin ninguna ayuda, todo el día para mí. Me dormía soñando con el momento en que poder tener una conversación con adultos. Así que, todas las "escapadas" que he podido hacer, las he aprovechado.
Yo te propongo un plus en tu reto bonsai. En lugar de uno solo, uno por cada hijo. Si has sido capaz de criarlos con todos los problemas que has tenido, esto será supersencillo. ¿Lo pensarás?
Un beso.

Lorena Beltrán Villamil dijo...

Amos la oportunidad de tus post en mi vida. Venía siendo madre-madre; ahora, por obligación, me toco ser madre-estudiante. Mu hubiera gustado dedicarle todo mi tiempo a mi hijo, al menos, en su primer año, pero ni modos. El caso es que me ha costado volver a ser Lorena, no me acostumbro ni logro organizarme. Espero que pueda lograrlo pronto.

Un abrazo a los 4.

Miriam Tirado dijo...

Totalmente de acuerdo con lo que has expuesto. Brindo por el bonsai! :)

Fernando dijo...

Hola Natalia, muchas gracias por tu comentario en el blog de Cristina. No conocía el tuyo. Y después de leer alguna entrada me he quedado asombrado. Creo que habéis pasado por muchas aventuras criando a vuestros tres hijos. Un abrazo y nos seguimos leyendo. Fernando.

Débora #ALATIDOS# dijo...

¡Yo también necesito en mi vida hacer nacer un bonsai!
Un placer leerte y reflexionar junto a ti. Besitos mil!

trestrillistigres dijo...

A mi me pasa lo mismo que a ti. He renunciado a muchas cosas pero no veo que valla a recuperarlas, quien sabe dentro de diez años como será mi vida, no sé ni dentro de una semana, todo es nuevo para mi y bastante tengo con enfrentarme a lo que me trae cada día. Yo también estube un tiempo fascinada con los bonsai y toda la cultura japonesa en general. Hasta me hice coleccionista de muñecas de resina casisisimas que personalizaba y todo, vamos un poco friki. Pero también son cosas que haces para ocupar un tiempo vacío, cuando tienes niños no hay tiempo por ningún sitio, al menos al principio y hay que establecer prioridades y avandonar muchas cosas que aunque te gustan no son imprescindibles.

Me alegro que esa etapa de tu vida pasara y entres en una nueva en la que reconstruirte y ese bonsai será el símbolo de todo esto. UN besito!

Raquel dijo...

Yo de momento estoy en la parte madre - madre, no sé como salir de ahí aunque intenciones tengo todos los días. Mis peques aún son demasiado peques, así que tal vez cuando estén todos en el cole me anime a ser madre - mujer, después con el tiempo quien sabe si podré ser la Raquel de antes o al menos en parte...
Me ha encantado el blog y que hayas tomado la decisión de volver a una de tus pasiones... aunque pienso lo mismo que Sara, debieras hacer uno por cada hijo, quien sabe si algún día eso no les llenará de orgullo... algo que llevarse a su casa, hecho por ti, cuidado y mimado... en fin, en agosto nos contarás...

Besos.

Carolina García Gómez dijo...

Identificada al 200% Sólo que para mí no han pasado 10 años, sino 7 años y ha sido tan, pero tan dificil que sólo otra madre en parecidas circunstancias podría comprenderlo (como vos y las que estamos en esta maravillosa red).

Es difícil, pero vale la pena, se siente MUY BIEN y es un paso necesario. Abrazos y de nuevo gracias por acompañarme, en la distancia, en este proceso. ¿Puedo decir que tengo a una terapeuta trabajando conmigo en la distancia? Jejeje

Anónimo dijo...

Uuuf!!! Estoy en la etapa madre-madre con un niño de 4 años y otro de 1. Agotada, superada!!! No sé qué hacer ni cómo hacerlo. Pienso que no voy a poder más... Por favor algunos consejos. No tengo en quién apoyarme