lunes, 16 de abril de 2012

Maternidad Múltiple: Aprendiendo a Pedir y Recibir Ayuda

Creo que entre todas las imágenes idealizadas de la maternidad que rondaban por mi cabeza antes de ser madre, una de las que más me gustaba era la de mi hijo colgando de mí como un monito. Imaginaba que pasaría días pegada a él, que le daría pecho y estaríamos muy juntos el uno al otro durante sus primeros meses. No había en mis planes ninguna intención de compartir a este hijo con nadie. Nuestro vínculo sería fuerte, muy fuerte, y nadie, salvo el padre en algunas ocasiones, cuidaría de él más que yo.

Salí de la clínica con tres "monitos" delicados de salud y muy demandantes. Tuve la suerte de poder contratar a una auxiliar de enfermería durante los primeros tres meses y compartir con ella las mudas, las tomas, los baños, los cambios de ropa y los etcéteras. Luego de la enfermera vino mi madre, quien estuvo conmigo todo lo que pudo. Y el papá de mis hijos también tuvo que compartir las noches en vela y el cansancio. No hubo otra forma de llevar a cabo una empresa tan grande como la de cuidar a nuestros tres hijos.

Recuerdo un día en que una amiga llamó para decir que vendría a visitarnos. Apenas cruzó la puerta de mi casa, la llevé al baño, le pedí que se lavara las manos y le entregué a uno de mis hijos. Ella me miró impresionada: "¡Yo nunca dejaba que otros tomaran a mis hijos cuando eran tan chiquititos!" exclamó. 

Es que cuando se es madre múltiple hay muchas ideas que dejan de ser posibles. Todo se transforma, desde lo material hasta lo más profundo, por la llegada de múltiples "monitos" a la vida de una familia.

Ser mamá de trillizos me hizo ser más humilde. Era tan claro que yo no podía con todo, que aprendí a aceptar la ayuda que se me ofrecía (que no era poca) y luego, a pedirla en caso de sentirme sobrepasada.

Hoy todavía pido ayuda. A veces no tengo con quién dejar a mis hijos cuando me surge un imprevisto. Otras veces simplemente no me siento emocionalmente capacitada para responder tantas preguntas, oír tantos relatos, dar tantas instrucciones y estar en tantos lugares a la vez. En esas oportunidades también pido asistencia. Y ya no me cuesta nada hacerlo. 

Ya no creo que mis hijos sean míos ni que lo hayan sido alguna vez. Ya no pienso que llevarlos siempre pegados, colechar, dar pecho exclusivo o traerlos colgando como "monitos" sea una condición necesaria para criar niños sanos y felices. Los míos tienen sus cosas, pero, en general, podría decir que los veo bastante seguros de mi amor, el de su padre, su abuela, sus tíos y todos quienes contribuyeron cuando yo lo necesité.

Mis niños no perdieron a su madre por haber sido múltiples. Me tuvieron ahí con ellos y ganaron muchos otros significativos a quienes recurren muchas veces sin necesidad de pasar por mí. El mundo se les hizo más grande gracias a que me vi obligada a compartirlos.

De toda experiencia se puede sacar algo bueno ¿no?



Cristóbal, Pedro y Antonia con 3 meses de vida. Esta foto fue tomada una mañana luego que entre su padre y yo dormimos 45 minutos en total, sumando sus minutos y los míos.

5 comentarios:

Vicky dijo...

Natalia me llegó tanto esta entrada, yo también siempre antes de ser mamá me imaginé con un bebé en brazos todo el tiempo, siempre en mi pecho y la realidad fue completamente diferente...
Sin duda la ayuda de todos nuestros cercanos ha sido escencial para salir adelante y hasta para poder descanzar cuando nos hemos visto sobrepasados.
Aveces me da un poco de cargo de conciencia no ser tan aprensiva como la mayoría de mis amigas, pero nuestra realidad ha sido diferente, pero supongo que es parte de lo maravilloso que nos tocó vivir.

MisMellis dijo...

Natalia me ha encantado tu entrada de hoy, estoy de acuerdo contigo en que cuando tienes múltiples hay que pedir ayuda (ya sean dos o tres bebés), en mi caso primeriza sin ninguna idea de niños y lejos de la familia, mi madre supo entender mis señales de S.O.S y me ha ayudado siempre que ha podido aunque fuera obligándome a dormir siesta mientras ella se ocupaba de los peques.
Mis suegros en cambio no han sabido ver la necesidad imperante de ayuda que teníamos, no han sabido ver que necesitábamos que alguien nos ayudara, ni siquiera han sabido entender nuestra forma de pedirles ayuda.
Tal y como dices cuando alguien viene a mi casa a visitarnos nos sirve para aliviarnos un poco la carga y creo que todos nuestros amigos lo han entendido así...

Nenica dijo...

A mí es algo que me cuesta mucho, siempre me ha gustado ser autosuficiente y no veo el momento de volver a serlo!
Cada persona es un mundo, y a mí hay "ayudas" que realmente me sobran, prefiero estar disfrutando de mis peques aunque me agoten que tener todo el día en casa a gente que con afán de ayudar lo que siento es que me están invadiendo!

Silvia dijo...

Qué reflexión tan bonita y tan acertada. Estoy totalmente de cuerdo contigo en que la ayuda (en múltiples o no) es fundamental. Si no tenemos ayuda estaremos cansadas, malhumoradas y no daremos lo mejor de nosotras mismas.

padresdetrillizas dijo...

Cuánto tiempo sin pasar por aquí, Natalia. Y qué post tan bonito me he encontrado. Es cierto que no podemos criarlos como quizás habíamos idealizado. Yo de la parte qu epensaba que iba a hacer, y de eso nada de nada, era darme grandes paseos con mi niña recén nacida (sí, siempre pensé que tendría niñas, y se ha cumplido, vaya que sí) en su carrito, por el paseo de la playa, arriba y abajo al solecito. Y de eso nada de nada, y de estar en casita mucho de mucho, porque sola no puedo salir con las 3 porque no tengo carro triple porque vivo en cuesta.

De lo demás, la verdad es que nosotros hemos tenido ayuda doméstica, pero durante el primer año nos hemos encargado nosotros de los niños salvo ocasiones especiales, una boda, una cena... Pero como eran tan buenas siempre hemos dormido muy bien (al principio entrecortado, pero 3 o cuatro horitas seguidas casi siemrpe), han comido bien, y no han llorado casi nada. Se hace más fácil ´cuando es así! Si yo sumo los minutos que hemos dormido los 2, y me salen 45, creo que no sobrevivo!! Yo si no duermo, no puedo con nada de nada, me ahogo, lloro, me enfado, desfallezco!!

Pero sí que he aprendido a dejar a las niñas cuando lo he necesitado, a pedir ayuda cuando la he necesitado, a desmitificar muchos aspectos de la maternidad, y a darle importancia a otros muchos. Me ha encantado Natalia!! Un abrazo!!