jueves, 15 de marzo de 2012

Educando Las Emociones.

En general, las cosas ocurren más o menos así: los padres esperan con ansias, temores, alegría, angustia, o lo que sea, al hijo que está por venir. El niño nace y ellos, sean cuales sean las circunstancias, desean con toda el alma ser los mejores padres para ese niño. Intentan satisfacer todas sus necesidades básicas, mantenerlo cómodo y seguro. Quieren cuidarlo, necesitan protegerlo, lo saben frágil y desvalido.

Las primeras sonrisas del niño son reflejas. Y los padres, aun sabiéndolo, se sienten emocionados al verlo "feliz". Le hablan con ternura y se muestran satisfechos cuando él está contento. El niño llora y ellos sienten que deben hacer algo para calmarlo. Sin embargo, no siempre logran hacerlo, lo que les provoca ansiedad, los hace sentir tensos e intranquilos.

A medida que pasan los meses, el hijo comienza a mostrar sus emociones cada vez con más frecuencia. Y los cuidadores cada vez dan más refuerzo positivo a las emociones "buenas" y rechazan las "malas". Si el niño está enojado, suelen decirle que no, que no se comporte así. Cuando está contento o tranquilo le sonríen y se relajan.

Y el niño aprende que no todos sus sentimientos son deseables, que algunos deben ser evitados, que la rabia, la vergüenza, el miedo o la tristeza hacen infelices y vuelven tensos y ansiosos a los demás.

De esta manera se crea en él la necesidad de intentar ocultar (o reprimir) ciertas emociones. No siempre lo logra: a los dos años la frustración se expresa en rabietas que suelen ser rechazadas por los adultos. En muchos casos es castigado, y en los más extremos, recibe gritos, golpes o palabras feas.

Y así aprende a que su alma está dividida en dos partes: una buena y deseable y otra mala e indeseable. Intenta no sentir rabia, intenta no llorar, intenta no hablar de algunos sentimientos que no puede evitar y que muchas veces no logra controlar.

Con la llegada de la adolescencia y la adultez, las relaciones humanas del ex-niño se vuelven cada vez más complejas. Y muchas veces nota que se le "escapan" aquellos sentimientos que siempre ha considerado negativos. No los maneja bien, a veces se siente culpable, otras veces los oculta o los reprime, pero inevitablemente está esa parte "mala" suya, ésa que no le gusta, ésa que desde que nació fue rechazada por quienes lo amaron. 

Nadie le enseñó que todas las emociones son igual de válidas, nunca le mostraron que está bien enojarse, sólo que hay que aprender maneras no dañinas de demostrarlo. No se le explicó que los valientes también tienen miedos, sólo que los enfrentan. No se le mostró que llorar es una manera sana de externalizar la tristeza y que todos los seres humanos del mundo sentimos tanto las emociones socialmente aprobadas como las que suelen ser criticadas y rechazadas.

Y el niño-adulto llega a terapia y se sorprende al escuchar al Psicólogo decir que está bien sentirse abatido, que es esperable que se enoje y que es bueno que logre distinguir que está frustrado y poder hablar de ello. Cree que el Psicólogo está un poco loco, hasta que siente alivio, un alivio que nunca antes había sentido: alguien está aprobando todo lo que siente, independiente de lo que la sociedad espera de él.

¿Podría ese niño haberse ahorrado la sensación de estar dividido en una parte deseable y otra rechazable? ¿Podrían haberse evitado las idas al Psicólogo y haberse sentido completamente querible desde siempre? Si, absolutamente.

Sólo que sus padres no sabían que reprimiendo las emociones que a ellos los hacían sentir mal estaban dándole un mensaje equivocado a su hijo. No sabían que la aceptación incondicional consiste en amar al ser integral y enseñarle el modo adecuado de expresarse (sin golpes, rabietas ni gritos) a través del diálogo, la negociación y el amor.

Nadie nos enseñó a ser padres. No es nada fácil serlo. Sobretodo porque nosotros también crecimos bajo el cuidado de unos papás que nos enseñaron a sentirnos divididos en una parte "buena" y otra "mala". Tampoco nos mostraron que todo lo que sentimos está bien sentido.


Todas las emociones y sentimientos son normales y aceptables. Sólo debemos enseñarles a nuestros hijos maneras adecuadas de expresarlas.

13 comentarios:

Ale dijo...

Qué lindo post!!! a medida que iba leyendo me iba sintiendo muy mal!!!! pero al llegar a la parte donde dice que está bien sentir miedo, pero hay que enfrentarlo.... uffff respiré aliviada....
Mi niño se pone muy nervioso al subir al escenario (cosa muy cotidiana puesto que está en un colegio artístico) y siempre le digo que está bien que le de vergüenza, pero que no está bien rehusarse a "actuar"; que el miedo está permitido, pero no que lo paralice... Hacerlo racionalizar el miedo/vergüenza (nadie se va a reir de él, etc...)es un buen método?
Vamos que se puede! Sólo quiero niños (y después adultos) felices!!! Un beso!!!

Natalia dijo...

Hola Ale! Sí, creo que está bien lo que le dices. Pero creo que tal vez necesita que le des su tiempo... A lo mejor sería mejor decirle que sabes que algún día va a lograrlo, sin presiones. Por ahora el tema lo supera, y eso también nos ocurre a todos en algunas ocasiones.

Un abrazo!

Ale dijo...

Gracias!!! lo aplicaré!;)

Natalia dijo...

:)

Claudia Andrea dijo...

Estimadas Mamitas soy Mama Múltiple y las Invito a Visitar Mi Blog y Pagina Web - Nos dedicamos a la atención y educación del párvulo a domicilio y atención del niños prematuro.
Bendiciones Naty.

Matilda dijo...

Guau Natalia, qué post más interesante. Nunca lo había pensado así y me ha dividido un poco leerlo. Por un lado, me gusta la idea de que hay otra posibilidad de que, el día de mañana, cuando lleguen mis bebés puedo aprender a enfrentar una rabieta de otra manera pero, ¿cómo se hace?, ¿cómo le enseñas a un niño que lía un follón en el supermercado que la frustración es algo que está ahí y que hay que aprender a convivir con ella sin reñirle? Me parece que, cuando por fin me quede embarazada voy a tener muchas preguntas que hacerte :)
Como siempre, un placer leerte y mil gracias.
Un abrazo.

la luna dijo...

Natalia,

Me ha gustado mucho leer tu post. ¡Este tema de las emociones a veces nos supera porque es de lo que casi nunca nos han hablado!
¿Cuándo empezaremos a educarnos para lo que realmente importa?

glaistig dijo...

Me encanto tu blogspot Natalia, muy interesante tu reflexión. Cada familia es un mundo y las emociones se expresan de diferente forma. Recuerdo en la casa de una amiga no se les permitía llorar cuando estaban tristes, decían que eso era mostrarse débiles y vulnerables ante los demás y pregunte entonces que hacen cuando están muy tristes ?, nos apartamos y lloramos en silencio sin que otro nos vea ... esa misma idea hoy se repite en su casa y en su entorno familiar.
Gracias por compartirlo en el grupo

Bebé a Bordo de Mamá dijo...

Hola! Soy Andrea, siempre te leo pero es la primera vez que comento... es que este post me parece maravilloso (de hecho, todos lo son), pero este en particular, me hizo reflexionar sobre mi accionar y el de las personas que rodean a mi hijo. Siempre me pregunté como responder-contener-actuar frente a un berrinche, a un llanto, a un enojo (mi hijo tiene 1 año y 5 meses)... y creo que muy dentro mío estaban estas palabras tuyas, claro que desordenadas y sin saber como encauzarlas... así que GRACIAS por expresarlas con tanta claridad!
Besotes, Andrea

PD: Con tu permiso, me gustaría enlazar este post en mi blog, en la seccion "Lei y me gusto". Sin compromiso, claro.

Silvia dijo...

Qué buen post y qué sabios consejos!
Es fundamental saber controlar nuestras emociones y ser nosotros quienes las dominemos a ellas y no al revés, y sobre todo, predicar con el ejemplo a nuestros hijos.

Natalia dijo...

Hola Silvia! Por supuesto que puedes compartir mis post! Y gracias por hacerlo...

Un abrazo!

mi campeona dijo...

Que post mas bonito, interesante y sabio!. Gracias.

Ines dijo...

Genial tu post! Continua con el! Estamos muy deseosas de saber mas de esto.