jueves, 5 de abril de 2012

Esa Persona Que Creyó En Ti

Mi querido Pedro:

Naciste desafiando los pronósticos de todos quienes te dimos por muerto antes de verte la carita por primera vez. Pesaste poco más de un kilo, pero eso no te impidió sortear cada uno de obstáculos que se te pusieron por delante. ¿Sabías que te sacaste solo el tubo de oxígeno? No necesitabas más ayuda del ventilador mecánico, pero como los doctores parecían no darse cuenta de ello, decidiste quitarlo con tus propias manos.

Fuiste creciendo y te convertiste en esa guagua que a los 8 meses tenía una mirada tan profunda que se podían adivinar sus pensamientos, su sentido del humor, la intensidad con que vivía todo, esas ganas de vivir cada día como si fuera el único.

Eras tan risueño como nervioso. Tan alegre y conversador como asustadizo y ansioso. El mundo te pareció siempre en lugar fascinante pero amenazante. Y a medida que te fuiste convirtiendo en niño, quienes te queríamos ver crecer feliz, te veíamos muchas veces asustado, sobrepasado por la angustia, temeroso de enfrentar experiencias y relaciones novedosas.

Tengo que asumir que muchas veces yo me contagiaba. Quería hacer por ti lo que fuera: devolverte a mi útero y guardarte ahí, calientito, para que no siguieras teniendo miedo. Sabía lo capaz que eras, sabía de esa inteligencia y capacidad de análisis superior a lo "normal", pero me daba cuenta que el mundo parecía quedarte grande en lo emocional. Me angustiaba tanto o más que tú.

Le tenías miedo a la bibliotecaria de tu colegio, a la profesora de educación física, a todos quienes se acercaban a ti bruscamente sin ganarse antes tu confianza. Tenías pesadillas con el "Señor Malas Pulgas", con el payaso Ronnald Mcdonnald, con el elefante Jumbito. Tenías tanta, tanta angustia que yo me sentí miles de veces sobrepasada. ¿Qué hacer para ayudarte a desarrollar ese maravilloso potencial que tenías? ¿Qué hacer para convertirte en el niño feliz que querías y no podías ser?

Hasta que apareció ella y confió en ti. No creo que haya tenido más de 25 ó 26 años. Creo que su experiencia laboral no era mucha. Pero irrumpió en nuestras vidas con esa alegría, con esa energía, con esa paz y esa confianza que tanto necesitábamos. Fue tu profesora durante 3 años e hizo lo que ninguno de los que te amábamos tanto pudimos hacer por ti: tenerte una fe y una confianza a toda prueba.

Ella no tuvo miedo de tus miedos, no se contagió de tus angustias. Ella vio al niño precioso que habitaba detrás de tanta inseguridad y te ayudó a florecer. ¿Te acuerdas de sus clases de yoga? ¿Te acuerdas de los tratos que hacías con ella? ¿Te acuerdas de la fuerza con que tomaba tu mano cada vez que tocaba ir a la biblioteca y enfrentar a la mujer que te daba miedo porque su voz era ronca?

Francisca, tu profesora, creyó en ti. Y nunca sabrá, nunca llegará a dimensionar, cuánto le agradezco haberme contagiado su confianza. Ella sabía que tenías miedo y lo dejaba fluir, pero ver tus temores no le impedía seguir viendo todo el tiempo al niño enorme que vivía dentro de ti. Ella se preocupaba cuando no avanzabas, pero eso no la llevó jamás a bajar los brazos por su querido Pedrito.

Era muy joven, no tenía hijos, pero me enseñó mucho de lo que es ser mamá, de lo que es ser TU mamá. Me mostró cómo se hace para no dejarse invadir o contagiar por tu ansiedad. Me hizo ver cómo su confianza en ti se iba haciendo tuya paso a paso, día tras días.

Se fue de tu colegio para emprender nuevos desafíos laborales. La despedimos con un gran abrazo y le dijimos lo mucho que nos gustó conocerla. Pero nunca le dije (no sabía cómo hacerlo) que no sólo había sido tu profesora, sino más bien, nuestra maestra.

Te dejó listo para cursar 1° básico, para hacer amigos por primera vez, para dejar esa actitud rígida de portarse siempre bien, para flexibilizar y tolerar sacarte una mala nota de vez en cuando, para cambiar de amigo si el que tenías antes ya no estaba, para resolver pequeños problemas tanto dentro como fuera del colegio, para encontrar la autoregulación y el autoconsuelo cuando algo no resultaba como estaba presupuestado, para creer en ti mismo, para ser el Pedro feliz que siempre debiste ser.

Creo que ni ella ni tú lo saben. Ella porque está acostumbrada a ir por la vida regalando luz. Tú porque eras muy chico y no te acuerdas bien de lo mal que lo pasabas cuando sentías esos temores y esas ansiedades que te paralizaban.

Mil veces, cuando te escucho decir "¡Mamá, eso no tiene importancia, no te preocupes!" la veo a ella. Y vuelvo a agradecerle. Ayudó a hacer de ti un niño que puede tragarse el mundo porque se atreve a hacerlo.

Definitivamente, la vida sabe poner en nuestro camino a las personas indicadas en los momentos en que más las necesitamos.

¡Gracias Fran!


Con tus profesoras Mónica y Francisca el día en que cumpliste 5 años.


6 comentarios:

trestrillistigres dijo...

Que bonito Natalia! Como siempre consigues sacarme la lagrimilla, me he emocionado y todo. QUe suerte disponer de este tipo de ayudas cuando nosotras llevamos un velo en los ojos y no vemos bien por donde tirar cuando una situación nos supera. Espero encontrarme con gente así en mi camino, gracias por tu experiencia!!

Débora #ALATIDOS# dijo...

Qué bonito lo que cuentas y cómo lo cuentas. Creer en nuestros hijos... qué bonito desafío!
Gracias por esas sensaciones y pensamientos que me regalas siempre que te leo.
Un abrazo!

Silvia dijo...

Precioso Natalia!! Que palabras tan hermosas y qué importante es enconar gente buena en el camino. Enhorabuena!! Sin duda tu hijo la recordará siempre con mucho amor

Nenica dijo...

Que bien que esa profesora os ayudara tanto, y que bien que se lo hayas reconocido en esta entrada!

MisMellis dijo...

Ains Natalia que me ha dado la llorera... que entrada tan bonita... ¿se la dejarás leer a Pedro?, es una pena que esta entrada no le llegue a esa profesora que supo llegar a tu niño de esa forma.

Anónimo dijo...

Natalia, no puedo dejar de escribirte y contarte que en nuestra historia tambien tenemos a "ese angel". Lo has expresado de una manera hermosa, fuiste muy clara y no puede parecerse tanto a nuestra experiencia con Magdalena. Ella tambien estuvo 3 años con Ani, este tuvo que irse para seguir estudiando y creemos que volverá! Dios quiera que sea asi. Me hubiera gustado escribir todo esto, no tengo tu facilidad para hacerlo. En cada palabra sentia que era la misma persona. Yo estoy convencida que son Angeles para nuestros Angeles... un beso grandote.
Silvia
Mama de Ana Luz
Concordia - Entre Rios