lunes, 19 de marzo de 2012

Educando las Emociones (parte II): ¿Y Cómo se Hace?

Después de haber publicado mi post Educando Las Emociones recibí por medio de mi correo electrónico, facebook y en algunos comentarios del mismo blog una pegunta muy lógica: ¿Y cómo se hace?

Claro, la teoría suena bonita, pero el asunto no siempre es fácil. ¿Cómo le explico a mi hijo de dos años que una rabieta no es una buena forma de mostrar su rabia, frustración o cansancio? ¿Cómo le hago saber que un golpe certero no es la manera de mostrar sus celos por la llegado del nuevo hermanito? ¿Cómo valido lo que siente a la vez que desapruebo la manera en que está actuando sus sentimientos?

No tengo la receta mágica. Sólo sé que existen dos maneras de transmitir conocimiento y de educar a los hijos: el lenguaje y el ejemplo.

Nuestro lenguaje debe ser cuidadoso. "No te pongas así", "No te dolió", "No te sientas triste", "No digas que no te gusta esto o aquello" son frases que definitivamente debiéramos borrar de nuestro discurso. Lo más sano es comenzar con un "Todas las personas nos sentimos como te estás sintiendo en este momento alguna vez..." y terminar explicando que algunas veces nuestros sentimientos nos llevan a dañar a otros o a nosotros mismos, y que eso es lo que no está bien y queremos evitar. 

Un niño con una rabieta debiera, una vez calmado, recibir de sus cuidadores un discurso que valide lo que sintió ("Te enojaste mucho", "Te dio mucha rabia", "Deseabas mucho ese juguete que viste en la tienda") para luego explicarle en palabras muy sencillas una manera alternativa de haber actuado ("Pudiste decirme que estabas enojado y así hubiésemos conversado", "Si estás cansado, avísame para poder cargarte o irnos a la casa", "Podemos hacer un plan para que tengas ese juguete el día de tu cumpleaños"). Sé que el nivel comprensivo de un niño pequeño no siempre es tan alto como para llegar a poder integrar los diálogos que estoy ejemplificando, pero sé también que muchas veces nuestros hijos pequeños no saben nombrar los sentimientos simplemente porque se les ha hablado mucho de colores, medios de transporte , animales, figuras geométricas y frutas, pero nunca de emociones y sentimientos. La manera de saber identificar que lo que siento se llama enojo o rabia es que mis padres me hayan nombrado esa palabra cada vez que me vieron enfadado. No hay otro camino.

Y el ejemplo... El bendito ejemplo. En mi consulta como Psicóloga me encuentro con tantos padres que aun se esmeran en ocultar lo que sienten por creer que deben mostrar una imagen de perfección frente a sus hijos... Tantos cuidadores que siguen creyendo que la mejor forma de educar es "dar el ejemplo" como una figura perfecta, infalible, que nunca siente más que amor, deseos de entregar y que todo lo sabe.

Personalmente les he dicho una y mil veces a mis hijos que me siento agotada, les he hablado de las actitudes suyas que me enojan, les he contado de los celos horribles que le tuve a mi hermana durante toda nuestra infancia, les he "confesado" que a veces no quiero ser generosa, les he mostrado mi tristeza y, sobretodo, les he pedido perdón si alguna vez les he gritado porque el cansancio y el enojo me han sobrepasado.

Y me admiran igual, me aman igual, soy una figura de autoridad y contención igual, me cuentan sus cosas, acuden a mí, me exigen... Haber dado el ejemplo hablando de mis emociones "negativas" no me ha hecho más débil frente a sus ojos. Tal vez, incluso, me ha vuelto tan cercana que es justamente aquello lo que ha permitido que puedan hablar y expresar libremente todo lo que sienten, sea lo que sea. Ellos saben que yo los entenderé: soy humana y mil veces me he sentido como ellos.

Ésto es lo que entiendo por incondicionalidad: puedo mostrarme entero ante ti y confío en que me seguirás amando. Guiarás mis pasos, me enseñarás qué debo hacer con lo que siento, pero nunca, jamás me pedirás que reprima, esconda o aplaste emociones que inevitablemente vivenciaré. Me amas por ser complejo, por ser integral, por tener muchas caras, por ser un niño y no por ser alguien que algunos considerarían perfecto. Me amas por ser simplemente yo.



4 comentarios:

eleycia dijo...

Natalia, te leo desde hace tiempo aunque nunca te comento. Hoy me has tocado la fibra sensible con tu entrada. Soy de aquellas que buscan, ansían la perfección que comentas, para sentirme más amada quizá. Me he pasado la vida intentando agradar a mis padres, a mi pareja... ahora con el nacimiento de mi hijo he comprendido la definición de amor incondicional y gracias a ello estoy superando muchas autoexigencias ya que se que ese es el primer paso para no repetir historia con él. Ahora me acepto tal y como soy, es más, me amo tal y como soy porque soy auténtica. Y ya no pretendo reprimir emociones, porque como muy bien expones, la clave está en identificar, validar y buscar alternativas a las llamadas emociones negativas. Gracias y mil gracias por poner en palabras todo lo que se estaba "cocinando" en mi interior.

Matilda dijo...

Gracias por esta segunda parte Natalia. Desde tu anterior post he pensado mucho en ese tema y aunque a uno no siempre le salen las cosas como quiere, tener algunas pistas siempre ayuda :)
Un abrazo muy grande.

Rosa Fernandez dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con todo lo que dices.... pero me siento inútil a la hora de responder a mi hijo adecuadamente.
Mira mi entrada de hoy, porfa, y échame una mano. Me gustaría saber tu opinión.

mil besosssssssssssssss

Marcia dijo...

Que buen post Natalia, justamente estamos en esta dificil etapa. Comparti tu post anterior con mi partner y ha sido un gran aporte.
Gracias !