martes, 14 de junio de 2011

Hacer Diferencias Entre los Hijos

Hasta los 6 años (edad en que logró empezar a comer por la boca) mi hijo Cristóbal estuvo acostumbrado a quedarse dormido mientras pasábamos por su “gastro” la última comida del día. Nosotros no sólo lo permitíamos, sino que lo alentábamos a que se pusiera cómodo e intentara relajarse para alcanzar el sueño. Fue una de las formas que encontramos para aminorar su malestar: dormido parecía no sentir tan intensamente las náuseas que, invariablemente,  provocaba en él la llegada del alimento a su estómago. Probablemente, si hubiésemos preguntado a algún especialista, éste hubiese desaconsejado el método de alimentarlo dormido. Pero hace tiempo ya que habíamos dejado de consultar a los médicos sobre este tipo de temas.

El asunto es que, si bien motivábamos el que Cristóbal se durmiera durante la comida, no queríamos que lo hiciera mientras la familia compartía. No nos parecía justo que mientras sus hermanos comían y conversaban con nosotros, Cristóbal estuviera durmiendo o camino a hacerlo. Es por esto que decidimos alimentarlo después, cuando ya los otros niños se habían ido a acostar y los padres nos sentábamos a ver las noticias y a hablar de nuestros asuntos.

Algunas veces alcanzábamos a regalonear unos minutos en el tiempo que quedaba entre que sus hermanitos se acostaban y Cristóbal se instalaba para comer. A veces cantábamos los tres (papá, mamá e hijo) alguna canción, o nos "acurrucábamos" juntos en el sofá. Sé que a los tres nos gustaban esos momentos. Sé que a Cristóbal lo hacían sentir único por unos instantes. Sé que esos minutos me permitían intentar reparar lo sobrepasada que llegué a sentirme respecto de las demandas desmedidas de este hijo durante el día. Sé que estuvo bien que ocurriera ese instante mágico de a tres. Pero siempre me pregunté qué pasaba por los corazones de Pedro y Antonia.

 Jamás ninguno de mis otros dos hijos se ha quejó ni preguntó nada. Nunca  vi en sus caritas ni una sombra de enojo. Parecían haber nacido sabiendo que este hermano “especial” llevaba un peso grande que, de alguna u otra manera, debía compensarse con alguna pequeña ganancia.

Mi madre siempre me decía que mis otros dos hijos iban a cobrarme algún día la deuda que se generaba a partir del trato especial que a veces recibía Cristóbal. Me quedaba pensando y concluía que tal vez estaba en lo cierto. El caso es que esta vida es la que les tocó llevar, o más bien debería decir, la que nos tocó a los cinco. Y por más que pienso en cómo pudimos haber modificado lo que no era justo, no encuentro la manera de haberlo hecho.

Sólo espero que mis tres hijos hayan logrado darse cuenta que cada uno de ellos es mi favorito en algún sentido. Cada uno con su estilo y su modo diferente llega a mí y logra conquistarme como si fuera el único. Si alguna vez he hecho diferencias entre unos y otros, si alguno de ellos ha recibido más atención y cuidados, ha sido por motivos que la vida nos ha dado. A mis hijos no los quiero por igual, los quiero de manera muy diferente, pero en la misma medida a cada uno. Espero que lo hayan sentido siempre así y que no haya rencor acumulado ni deudas por cobrar en los corazones de Antonia y Pedro. Si ya es difícil ser una madre justa al criar hijos sin dificultades, cómo no iba a serlo criar a tres hijos con diferentes necesidades y de la misma edad.

Sé que éste suele ser un tema sensible entre las madres de niños con necesidades especiales que además tienen otros hijos. Sé que de alguna u otra manera comparto esta inquietud con muchos otros padres y madres que se preguntan cómo ser justos o compensar las injusticias cometidas sin quererlo con el hijo o los hijos que han recibido menos atención. Sé que es duro llegar a plantearse que, tal vez, se ha fallado o no ha sido posible multiplicarse para atender todas las necesidades de todos los hijos. Pero somos humanos, y no hay manera de no equivocarse, fallar o sentir que no se ha hecho todo a la perfección. Eso es lo que, creo, podemos trasmitirle a nuestos hijos. Nada tan valioso como un padre o una madre humildes que saben reconocer que no lo pueden todo y que más de una vez se han visto sobrepasados por situaciones de la vida.

8 comentarios:

briseida dijo...

Este es un tema que me preocupa, porque quisiera tener otro hijo y me dolería no dedicarle la misma atención que a su hermana "especial". Pero en fin, estoy segura de que Pedro y Antonia entendían el porqué de esos ratos a tres. Debió ser durísimo, ¡cuánto me alegro de que terminara!

Una madre Pikler dijo...

Ay como no soy nada mas que mama, me da no se que opinar...pero creo que como vos te planteas el conflicto lo desactivas antes de que exista...
ademas me parece que por suerte ellos se tienen el uno al otro y eso tambien los debe ayudar...no es que uno queda solo....

Natalia dijo...

Briseida: sí, fue durísimo. Espero haber logrado manejarlo, o al menos, minimizar los daños. Nadie puede salir completamente indemne de una vivencia familiar tan determinante, pero creo que, si se maneja bien, la experiencia de tener un hermano "especial" puede hacer de los otros hijos personas más sensibles y empáticas.

Madre Pikler: ¡Claro que puedes opinar! ¡Siempre! Y sí, tienes razón... Antonia y Pedro se han acompañado mucho en situaciones difíciles. Es lo bueno de ser múltiples :)

macarena dijo...

Solo tengo una pequena ... Y ya me tengo q dividir en varias a lo largo del dia, ni imagino con tres hijos cada uno con su mundo... Independiente q alguno sea ''especial'' como dijiste. Supongo o espero q eso de dividirse, preocuparse, amanecerse, maravillarse
y desvivirse en pro del bienestar de nuestros hijos, sea lo q prevalezca a la hora q ellos hagan un balance, y vean q uno lo hace por cualquier hijo.

.. Maca Natali

100% Mamá dijo...

Segun lo que he leido, tus hijos son muy maduros y se aman mucho, por lo que creo que lo entenderan muy bien, y cuando ellos sean grandes y tengan hijos lo comprenderan mucho mejor. Lo digo pues somos tres hermanos y mi hermana desde los 2 años sufrio de diabetes, con complicaciones, idas a urgencias, hospitalizaciones y muuuuucha atencion de mis padres, incluso siempre he creido que le aguantaban todo, quizas cuando era niña eso me molesto un poco, pero cada vez que ella tenia sus crisis, agradecia tener unos padres tan preocupados de su salud, pues por eso ella seguia con vida. Ahora ya mayor, los entiendo mucho mas y creo que fue lo mejor que hicieron, jamas se los he sacado en cara ni lo haria, pues amo a mi hermana y me alegra que se hayan preocupado mas de ella, pues en esa epoca era lo menos que podian hacer por ella y estoy segura que lo hubieran echo por cualquiera de los tres.... ademas creeme, no tengo ningun trauma por eso, jejeje

Besos, y te felicito nuevamente, me encantan tus post.

Fany dijo...

Tienes razon, a mi la mayor me reclama atencion las 24 horas del dia, y yo me enfado porque a ella le di 2 años en exlusiva, algo que los gemelos no tendran, y me parece injusto por ellos, porque quieres a su mama y mami no se divide...es duro, yo espero que llegue el dia en que los 3 tengan una edad para comprender lo mucho que los quiero, y que esto lo hice por ellos...

Familia Lara-Arroyo dijo...

Me ha encantado el post Natalia. Y me ha gustado leer que les quieres de forma diferente, porque a mí me pasa lo mismo, y eso que no he tenido los problemas graves que tu has pasado. Y cuando yo hablo con otras madres, no entienden cuando les digo que los quiero muchísimo a los 3, pero de forma diferente. Cada uno es especial, son diferentes, y además tienen requeremientos especiales, por lo cual no se presta la misma atención a los 3. No sé, ya sabes que yo soy muy mal explicandome pero me ha encantado, una vez más, como tú lo haces. Besos a todos

Graciela dijo...

Natalia, ellos entienden lo sucedido.
Me ha pasado con mi hija mayor, le explicaba que mamá debía dedicarle muchísimo tiempo a su hermana, logró entenderlo :)

Besitos :)