jueves, 2 de junio de 2011

Soledad (Acerca de la Maternidad Múltiple)

Soy una de esas personas que disfrutan la soledad. Es más, muchas veces la busco porque realmente la necesito. Me gusta el silencio, me agrada ese tiempo conmigo misma para hacer cualquier cosa o, simplemente, para no hacer nada. Siempre he creído que la de saber estar sola es una habilidad, algo por lo que sentirme afortunada. No tengo la necesidad de buscar compañía, como les ocurre a otras personas.

Sin embargo, ser madre de múltiple es la antítesis a la soledad. Es el caos, el ruido, el movimiento, la invasión de los espacios. Es estar acompañada, apurada, demandada y colapsada, al menos durante los primeros años.

Luego, viene un tiempo en que la familia múltiple se transforma en algo parecido a lo que podría ser una "familia normal", una en la que cada uno puede exigir sus espacios, aunque sea por un lapsus de tiempo cortito, aunque a veces a los  hijos se les olvide respetar el silencio que la mamá pidió para sí misma y toquen la puerta mil veces para contarle algo que les pasó hoy en el colegio o para preguntar si pueden comer cereales.

El comienzo de este período de "normalización" fue extraño para mí. Deseaba tanto recobrar algo de tiempo para estar sola y sentir el silencio... Sin embargo, cuando mis niños tuvieron la edad suficiente como para que mi madre se atreviera a dar el paso de venir a buscarlos para pasar la tarde sola con ellos, sentí que la soledad me sobraba. Ya no sabía qué hacer con ella, ya no recordaba bien qué hacía "la otra Natalia" cuando estaba sola. Habían pasado muchos años y me había acostumbrado al ruido y el movimiento constante. A mi manera, me había enamorado de un estilo de vida caótico que, invariablemente, se adopta al ser mamá de múltiples guaguas al mismo tiempo. Mis hijos y mi madre se iban, y se producía un vacío tan fuerte como el ruido más agudo. Recorría la casa sin saber qué hacer. Recogía y guardaba algunos juguetes u objetos olvidados en algún rincón. Me sentía como cuando estás en compañía de alguien con el que te sientes incómodo y no sabes cómo actuar frente a él.

Ahora, dos o tres años después, he vuelto a acostumbrarme a la soledad que amo. Y lo mejor es que puedo adaptarme a una y otra situación y disfrutar ambas. Ya no estoy deseando tanto estar sola (aunque todavía a veces me ocurre, y con mucha intensidad) y cuando lo estoy, puedo disfrutarlo tanto como antes de ser mamá. Como en todo, en este tema he vivido procesos largos y no siempre fáciles. Pero todo llega, a veces tarda en llegar, pero llega. Lo escribo pensando en las madres múltiples de niños muy pequeños que deben tener esa sensación de agobio que tuve yo en algún momento: la idea de que nunca más tendría un minuto para dedicarlo a mí.

No es así: la vida no se detiene, los hijos crecen y finalmente las noches de insomnio, los días de agotamiento absoluto y la sensación de agobio por tanto trabajo y tanta demanda van cediendo. 

Al final, nada permanece, ni lo que amamos ni lo que queremos cambiar o eliminar de nuestras vidas. Siempre todo cambia.

Si tuviera consciencia de esto todo el tiempo, seguro que aprovecharía el día a día mucho más de lo que lo hago. Sin embargo, nos hemos convertido en una familia tan "normal", que hasta su madre olvida, a ratos, las premisas que aprendió a punta de cansancio y sacrificio y que creyó que jamás olvidaría. Supongo que son los costos del paso del tiempo.

7 comentarios:

myriam dijo...

Me gusta la soledad, lo has descrito tal cual. Una madre multiple quiza tarde en recuperarla pero una madre multiple en el tiempo tambien queda privada de tiempo y espacio los primeros años hasta que el menor de sus hijos cumple años suficientes como para delegar. Yo no tengo mamá, ni suegra que se ocupe de mis hijos, y solo una tarde que. Se fueron de cumpleaños me quedé sola, sin marido y sin hijos....vi curiosamente los puentes de madison que no la habia visto, llore agusto, y hasta me imagine a mi misma de protagonista. 6 años tatde en disfrutar de esa tarde especial...me ha encantado tu post de hoy. Abrazos

Vicky dijo...

Ahhhhhhh este post lo amé!! estoy segura que lo voy a leer más de una vez jaja
Nosotros aún estamos en el caos mismo, pero ya nos acostumbramos a vivir así, bueno igual han pasado 3 años jajajaja, cuando se van donde mis papás todo se vuelve gigante, las horas se hacen tan largas, se extrañan los movimientos, los ruidos... Me desespera estar sin hacer nada y me pongo a pensar que hacia antes de que ellas llegaran y te juro que no me acuerdo.
Que loco... un abrazo.

Una madre Pikler dijo...

Que lindo post...la verdad que es asi!!!
Yo pienso como llenaba antes mis espacios. Que hacia? NO me gusta que me interrumpan pero a la vez me encanta!!!
Los mios tienen un año y son amorosos!!!!!!! yo los disfruto mucho....saludos y me encanta leerte. lucre

Mami dijo...

Es tan cierto lo que escribes!!! :) Ya ahora que alguna noche se quedan mis peques donde los abuelos, ando deambulando en la casa sin saber que hacer! y eso que asi como a ti me encanta la soledad, pero ya mi subconciente tiene registradas a esas dos personitas y me lanza un llamado de:"aqui falta algooooo"...:)..

Un abrazoooo...

Lady Paper dijo...

Mis dos hijas tienen un año y tres meses y son un caos. No tengo tiempo ni para bañarme en paz porque ellas aparecen en el baño corriendome la cortina XD
El trabajo de una profe de por sí es demandante (para nadie es un misterio que los profes nos llevamos trabajo para la casa) y, de moemento, estoy en esa tormenta. A vecesme siento tan culpable de desear que se duerman ya! porque tengo un cerro de cosas que hacer (literalmente, porque las 240 pruebas esperan en un cerro que reclama revisión) y me da por llorar porque siento que no disfruto nada de lo que hago. Me muero de ganas de sentarme a escribir la novelilla que estoy escribiendo, pero para eso tengo que sacrificar algo... Finalmente mi espalda es la resentida.
Yo creo que es un proceso del que tengo que aprender, pero duele tanto pasar por él. Personalmente atesoro mi tiempo de ocio, no creo perder nunca las ganas detener tiempo para mí, lo que sí quiero perder es la culpa de desear ese tiempo, porque, como dije,termino sacrificando una de mis facetas... O mi tiempo con mis hijas, o mi tiempo como esposa, o mi trabajo.
Al menos tu me das esperanzas. Gracias por contarnos tu experiencia.

Saludos, Carmen.

Natalia dijo...

Hola a las todas!!! Parece que por fin puedo volver a comentar en mi propio blog!!! Espero que esto siga así :)))

Gracias por estar aquí.

Carmen: no sabes cómo te entiendo. Mi opinión muy personal es que, a veces es necesario robarle un poco de tiempo a otras cosas para tener tiempo de ocio y estar mejor. Si se está siempre colapsada, es imposible que no repercuta en el cuidado de tus hijas, en tu matrimonio o en tu trabajo. Claro, sé que desde mi posición se dice fácil... pero te lo digo porque yo no lo hice y me pasó la cuenta en muchos aspectos.

Un abrazo.

Nely dijo...

Con una hija de 5 años y gemelos de 7 meses aún no me creo que podré volver a estar sola en algún momento y saber disfrutar de ello. Hoy por hoy cuando se me queda una mano libre, busco al bebé que me falta porque me sobra una mano... Pero lo de volver a dormir lo que mi cuerpo necesita... eso si que no me lo creo!! jeje.