miércoles, 22 de junio de 2011

También Nos Equivocamos

En mi ejercicio profesional hay muchas cosas que me sorprenden. No podría ser de otra manera: las personas a las que atiendo en mi consulta son diferentes a mí y no es mi labor intentar hacerles creer que mi manera personal de ver o hacer las cosas es la mejor de todas. Es más, sería poco ético de mi parte hacer algo así. Cada uno con sus creencias y con su modo particular de resolver los problemas.

Pero hay creencias que prefiero intentar modificar en los padres de mis pacientes, siempre bajo el convencimiento de que no están beneficiando a sus hijos a través de ellas. Una que me ocupa y preocupa es la tendencia a hacerles creer a los hijos que los padres no se equivocan ni se han equivocado jamás.

Es mucho más común de lo que me gustaría escuchar a los padres de mis pacientes decir que ellos nunca les han contado ni les contarían a sus hijos que alguna vez obtuvieron una mala nota en el colegio durante su infancia, que hicieron travesuras como cualquier niño ni que fueron castigados o retados por sus padres. Tampoco son capaces de reconocer sus errores en el presente ni pedir perdón a sus hijos cuando la situación lo amerita.

Esta mañana, mientras peinaba a mi hija Antonia, ella empezó, como casi todos los días, a quejarse porque le dolía el que yo estuviera desenredando los nudos que naturalmente se forman en su pelo largo. Al parecer, hoy me levanté con el pie izquierdo y la paciencia no me alcanzó para tolerar sus quejidos y fui brusca con ella: la reté fuerte porque todas las mañanas hace lo mismo, y me hace sentir muy mal el hecho que lo que hago yo con su pelo la haga sufrir. No fui tolerante con ella, ni menos aún, me puse en su lugar.

Unos minutos más tarde me acerqué a ella, la abracé y le pedí perdón por mi reacción. Sé que no es su responsabilidad que su pelo decida enredarse durante las noches y que le duela cuando paso el cepillo para desenredarlo. Sé que no es su culpa tener un cuero cabelludo algo sensible y sentir dolor todas las mañanas mientras intento peinarla. Me abrazó llorando, nos dimos un beso y me perdonó por mi exabrupto. Eso fue todo. No hubo más malas caras ni sentimientos de culpa. El haberla mirado a los ojos y haber reconocido que también me equivoco nos alivió a ambas.

Mis hijos partieron camino al colegio y me quedé pensando acerca de este tema. Me gustaría que todos los padres del mundo supieran el alivio que se siente cuando te paras frente a tus hijos como un ser humano que también se equivoca, se cansa y puede fallar. Me gustaría que todos los niños pudieran tener la experiencia reparadora de un padre o una madre que reconoce sus debilidades y, de paso, les enseña acerca de la humildad.

¡Qué difícil es convencer a un niño acerca de que errar es humano cuando tienen padres que jamás asumen sus propias fallas! ¡Qué antinatural resulta el hecho que tu modelo a seguir (tu padre o tu madre) intenten aparecer como personas infalibles! De esa manera, el niño nunca dejará de sentirse poca cosa, nunca logrará mirarse con compasión y comprender que ha hecho todo lo posible por superarse, aún cuando los resultados no hayan sido los esperados.

Soy una convencida de que nuestros hijos necesitan vernos caer y volver a ponernos de pie. Es la única forma de enseñarles a hacerlo ellos mismo a través de la vida. Es la única manera de que aprendan a amarnos y aceptarnos como somos, y, más importante aún, a amarse y aceptarse con sus fortalezas y debilidades.

Si no lo han hecho nunca, los invito a pedirles perdón a sus hijos por algún error que hayan cometido. Los invito a reirse de uds. mismos delante de ellos o a contarles lo que sintieron el día que recibieron una mala nota en el colegio... En fin, a mostrar que son seres humanos y no semidioses que jamás se equivocan. Verán cómo sus hijos se lo agradecerán y se sentirán mucho más contenidos, comprendidos y aliviados frente a sus propias fallas. Verán cómo el hecho de sentir que tienen padres humanos los hará sentir más acompañados que desilucionados. Acerca de este tema, no tengo dudas.

9 comentarios:

Ale dijo...

Pero qué cierto!!! Cuánto habría soñado con que mi papá me hubiese pedido perdón por sus fallas para no sentir que sólo yo era la que "fallaba" al no ser perfecta.....
Gracias a Dios, lo practico a diario con mi hijo, le alivia mucho saber que, como tú dices, todos nos podemos equivocar, que lo valioso es saberse parar, aun despues de un buen porrazo.....
Un abrazo!!!

tacatuca outlet dijo...

Qué bonita entrada... los niños son personas que sienten como adultos... incluso tienen más sensibilidad.

Besicos, y te seguimos...

www.tacatucazaragozaoutlet.blogspot.com

madredemellizos dijo...

Tienes razón, los métodos educativos van evolucionando, y lo que puede que funcionara en nuestra infancia, ahora ya no tiene lugar.
Creo que hay que enseñarles practicando con el ejemplo, desde la empatía y la comprensión. Muchas veces los padres nos equivocamos como ellos, y es bueno que sepan perdonar o pedir perdón. Un saludo

Bere dijo...

Me encantó esta entrada! qué cierto es lo que dices. Es bueno no olvidar que nosotros somos los padres, y tenemos cierta autoridad sobre ellos, pero eso no implica que nunca nos equivocamos.

Hace ya algún tiempo leí en una revista (Selecciones, no se si la distribuyen en su país), sobre la comunicación con adolescentes. Qué decir cuando te preguntan cómo fuiste en la juventud? si fuiste de fiesta, si tuviste otras parejas además del papá, etc. Todos esos temas que a uno siempre lo agarran en curva. Y decían que era bueno decirle que uno también cometió errores, si por ejemplo fuimos irresponsables, porque los muchachos estaban pasando precisamente por todas esas dudas que tuvimos nosotros. Recomendaban no dar todos los detalles, ni contar las cosas como si fueran una gracia (por ejemplo, no hacer alarde de cuántas parejas sexuales tuvimos, ni cuántas veces nos escapamos de casa, etc.). De esa forma ellos se sentirían comprendidos y podrían expresar mejor lo que les pasaba y compartirlo con nosotros.

Aunque estas recomendaciones eran para el trato con adolescentes, creo que son igual de válidas para todas las edades. Los niños pequeños nos observan mucho, y por poner un ejemplo exagerado, si le digo que está mal pegar, y yo pego y no me disculpo, le estoy dando un mal mensaje.

Saludos!

Bren dijo...

Que gran verdad Nati... Cuantas veces las madres nos arrepentimos de cómo hemos actuado con nuestros hijos ¿ verdad ? a mi me ocurre seguido...
Sin embargo... que valioso es saber darse cuenta, pedir perdón, y volver a empezar. Que suerte que nuestros hijos siempre nos perdonan!
Un abrazo♥

Mamá Moderna dijo...

Natalia,

No sabes como me gusto tu entrada y lo cierta que es. Cuando estaba embarazada tuve la suerte de leer al respecto y decidi mostrarme como soy ante mis hijos: un ser humano imperfecto tratando de dar lo mejor de si misma.

Es frecuente el que pida perdón, así como lo hacen ellos e incluso nos reimos juntos de mis equivocaciones.

Las palabras se las lleva el viento, sin embargo el ejemplo no y de esta manera creo que mis hijos pueden aprender mucho más.

Saludos

Susana

Carolina García Gómez dijo...

Creo que este paradigma es el más difícil de cambiar. A mi me criaron con la idea de que los adultos nunca se equivocan ni mienten, ¿sabés lo peligroso que hacerle creer eso a un niño? Bueno, con mis hijos también trato de ser yo, con todos mis defectos y cualidades, creo que es lo más sano. Qué buen Post Natalia!!! Gracias.

Vicky dijo...

No te imaginas como cada una de tus entradas contribuyen en mi vida para ser una mejor mamá, mujer, amiga... una mejor persona en general.
Simplemente gracias.

Natalia dijo...

Nuevamente, muchas gracias a todas por sus comentarios! Enriquecen mi blog y nos hacen más sabias a quienes los leemos.

Me alegra no haber leído aún comentarios de detractores. Sé que para quienes fueron criados por padres que "nunca se equivocaron" la práctica de mostrar los propios errores es mucho más difícil, pero sé que vale la pena, por nosotros y por nuestros hijos.

En mi caso, tengo una madre humana que sabe pedir perdón, y ha sido un gran ejemplo para mí ahora que soy mamá. Espero que nuestros hijos digan lo mismo de nosotras en unos años más.

Abrazos para todas.