jueves, 8 de septiembre de 2011

Los Placeres de la Vida (Alergias Alimentarias)

Mis dos hijos hombres tuvieron alergias alimentarias múltiples y severas. Hoy es algo bastante común. Hace tan solo 8 años, era algo raro, impensable. El caso es que tenían reacciones alérgicas frente a múltiples alimentos, incluidas todas las proteinas. Los alimentábamos con una fórmula compuesta por aminoácidos libres. Hoy se sabe que un niño puede ser alérgico a esa fórmula. Pero mientras yo insistía a los médicos que Cristóbal lo era, ninguno de los muchos que visité desesperada por los malestares de mi hijo me dio crédito.

En fin. El caso es que Cristóbal se alimentaba por sonda y se negaba a probar alimentos por boca. Y para Pedro comer era un deber, algo a lo que su madre lo obligaba. Parecía no tener centro de apetito, como ocurre con algunos niños que han nacido prematuros. La única que comía con hambre y por placer era Antonia.

Por lo anterior, nunca vi las alergias alimentarias de mis hijos como un problema más allá de lo médico. No pensé que se estaban perdiendo uno de los placeres de la vida. No ocurría que ellos quisieran probar y yo debiera prohibirles a causa de sus alergias.

Sin embargo, el día del cumpleaños número tres de mis trillizos, Pedro me recibió al llegar de las compras con mucho entusiasmo: quería saber de qué sabor era la torta. Y era de chocolate, algo que estaba entre la infinidad de cosas prohibidas por precaución.

Recuerdo que me pidió, me rogó, me suplicó que lo dejara comer torta en el día de su cumpleaños. En general, el probar alimentos nuevos era un evento un poco estresante: ellos probando y yo observándolos fijamente por si había alguna reacción que requiriera correr a la clínica. Pero esa vez no me pude negar. ¿Cómo negarle a mi hijo comer de su torta el día de su cumpleaños número tres? Imposible.

Llegaron los amigos y empezó la fiesta y la música. Muchas papas fritas y dulces para los niños, algunas cosas ricas y un poco (sólo un poco) más sofisticadas para los adultos. Al llegar la hora de cantar el cumpleaños feliz, mi Pedro no pudo esperar a recibir su plato, simplemente tomó un tenedor y se instaló frente a la torta completa a probarla. ¡Qué escena más gratificante! Mi niño con la cara entera embarrada en chocolate y una sonrisa que no se le quitó hasta bastante rato después. Lo tocó, lo olió, lo pasó por su lengua, sus labios y su cara entera. Lamento no haber fotografiado el instante preciso. Sólo tengo algunas fotos tomadas bastante más tarde de aquel descubrimiento.

Comer es un placer, dormir lo es también, pasear por las calles disfrutando del sol y de los olores de los árboles en flor en primavera es un placer. Después de tanto miedo, tanto exceso de control, tanta enfermedad, terapias y dificultades, mi hijo Pedro estaba descubriendo uno de los placer simples de la vida. Sin duda, fue un momento inolvidable.



4 comentarios:

Albertina dijo...

Qué foto y qué momento tan maravillosos!!!

briseida dijo...

¡Y qué placer! Nada más y nada menos que una tarta de chocolate :)
Ada no come en cantidad, pero afortunadamente no tiene intolerancias y le gusta casi todo, para satisfacción mía y de mi padre. Tienes razón, ¡comer es un gran placer!

Anónimo dijo...

No sabes lo mucho que te entiendo.Mi hijo es alergico a todas ls proteinas de la leche de vaca,y por supuesto no puede comer ternera.Me paso la vida buscando y leyendo productos sin trazas de leche y cada nueva cosa que encuentro(galletas,yogures de soja...)se la doy impaciente por ver su cara al probar algo nuevo.Le hago yo las magdalenas,bizcochos,galletas...y me ilusiona ver que puede comer algo similar a lo nuestro.Muchos besos para todas las mamas de niños alergicos

Anónimo dijo...

Hola, yo tengo 37 años y empecé a los 5 añitos teniendo alergias alimentarias, a día de hoy, 7 de octubre de 2012 solo puedo comer carne, el resto de alimentos me producen anafilaxia. La única solución es ponerme un tratamiento inmunosupresor.... ya no se que hacer... si no puedo comer... moriré!