martes, 11 de octubre de 2011

Siempre y Nunca: Palabras Que Hacen Daño

Si me dieran a elegir dos palabras para borrar del diccionario, no lo dudaría: serían siempre y nunca.

         ¡Cuánto daño pudieron hacerme esos dos conceptos tan abstractos! ¡Cuánto más fácil hubiese resultado todo si no hubiesen existido en mi mente esas sentencias de muerte y sufrimiento eterno!

         Hoy las declaro muertas para mí: no existen más, no hay más "siempres" ni "nuncas" en mi vida. Hoy las cosas son así, mañana seguramente cambiarán. Quién lo sabe, quién es capaz de adivinar el destino. Por ahora vamos viendo con qué recursos contamos y qué podemos hacer. Mañana simplemente ya veremos. Hoy mi dicho favorito es "Un día a la vez".

         Además de la tristeza y el miedo, además del trabajo arduo y el cansancio de tener trillizos prematuros y con múltiples dificultades de salud, los primeros años de las vidas de mis hijos fueron especialmente desafiantes para mí. Crecí y viví apegada a una estructura, exigente y ansiosa de ver logros concretos, amiga de las certidumbres, del control y lo predecible. La muerte del "siempre" y el "nunca" me obligaron a despojarme de todo, a abrirme a la vida tal como se presenta: sin restricciones, sin preconcepciones, sin tantas ataduras y rigideces. Sólo los más cercanos a mí saben lo duro que fue aprender todo esto. Sólo ellos fueron testigos de lo doloroso que fue cambiar y abrir más grandes mis ojos.

         Hoy sé que mis hijos me pueden sorprender, que nada está dicho ni escrito y que la vida está llena de sorpresas que no puedo predecir.

         Ayer conversaba con una amiga que va a ser mamá primeriza en unas semanas más. Ella intentaba explicarme cuánto ama a su hijo, pero cuánto temor y ansiedad le produce saber que hay alguien frágil que va a depender de ella "para siempre". No sé si fui lo suficientemente convincente, pero le dije que, a pesar de comprender perfectamente su sensación ( ¡y cómo la entiendo!), debe tener en mente que NADA es para siempre, que todo muta, todo cambia, nada de lo que creemos cierto lo es "para siempre", ni lo que nos gusta ni lo que no.

Hace ocho años atrás creí que "nunca" más dormiría, que "nunca" volvería a tener vida social ni podría salir, que "nunca" más trabajaría, conversaría o leería. Creí que "nunca" volvería a viajar.  Creí que "siempre" mis hijos serían dependientes y demandantes, que "siempre" habría alguno de ellos hospitalizado o gravemente enfermo, que sería una especie de madre-esclava, que me había convertido en mamá y nada más, para "siempre".

Si alguien me hubiese convencido de lo contrario, probablemente mi vivencia de la maternidad durante los primeros años hubiese sido radicalmente distinta. Espero haber podido convencer, aunque sea un poquito, a mi amiga. De todos modos, sé que para aprender algunas cosas hay que vivirlas: no basta con que te las digan.

Ayer, mientras conversábamos, veía a mis hijos correr y jugar libremente. Yo sentada tomando un café, ellos inventando juegos de los que no participé. Si una bola de cristal me hubiese mostrado esa escena años atrás, sé que hubiese sido mucho más feliz de lo que fui.



13 comentarios:

Entrillizada dijo...

Me ha encantado!!! Qué limitantes son esas palabras y cuánto cuesta eliminarlas del vocabulario!!!

Chitin dijo...

Qué radical es tu post de hoy :-) aunque todo cambia de un segundo al siguiente, dale la vuelta a esas palabras... yo quiero ser feliz SIEMPRE, porque trato de ser feliz con las pequeñas cosas, porque hoy ha salido el sol, porque mi marido me despierta con un beso, porque mi hijo está sano, porque tengo a mis padres y hermano cerca ... NUNCA quiero dejar de disfrutar de las pequeñas cosas.

padresdetrillizas dijo...

Nunca... dejaré de querer a mis hijas... siempre... las querré. Ya está, son las dos certidumbres de mi vida, que son la misma... el resto es un día tras otro, distitnto y aprendiendo, cada día... si hubiera contado la veces que también me dijeron que me olvidara de dormir para el resto de mis días... y eso embarazada, qué ganas de animar, eh? Tienes mucha rázón, más nos valdría aprender a aplicarlo, aunque sea difícil...

Natalia dijo...

:)))

Nunca logro del todo poner en práctica mis deseos de erradicar los siempres de mi vida, jajajaja!

Es realmente difícil.

Chitin: yo también quiero ser siempre feliz, pero sé que tal vez no lo seré siempre. Así cmo ya pasé por momentos de desdicha muy profundos (la amenaza de la muerte de un hijo no te permite ver el sol), sé que mañana u otro día algo así podría volver a ocurrir. Por eso, quiero ser feliz HOY.

Y sí, padresdetrillizas... amaré siempre a mis hijos, pero probablemente, la forma de amarlos irá cambiando, e intentaré no fallarles nunca, pero eso no lo puedo asegurar ;)

En fin. El temita da para pensar.

Besos.

Cristina dijo...

Bueno,yo debo de estar pasando una racha positiva,ja,ja...lo veo como Chitin...siempre adelante y nunca rendirse...son mis palabras de hoy dia...las palabras muchas veces son como queramos entenderlas...hace unos meses estaba en una mala epoca,Natalia tuvo una mala etapa y seguramente mi negativismo de esos dias me hubieran hecho pensar de manera diferente,no lo sé...sé que te mando un abrazo,eso sí,je,je...besos¡

Natalia dijo...

Hola Cristina. Es que ahora estoy pasando unos buenos días... sólo que los aprovecho más porque sé que nada es para siempre. Tal vez el post lo escribí en negativo, pero en positivo creo y siento de igual manera... Aprovechar el hoy, pues los nuncas y los siempre no existen, ni en lo bueno ni en lo malo. Al menos eso creo yo ;)

Saludos!

Pettro dijo...

cuánta razón!!! y que dificil ponerlo en práctica!! yo lo primero que aprendí al ser mamá es que hasta que vives algo no puedes comprenderlo y cuantas palabras me tuve que tragar por hablar desde la ignorancia....
Si es cierto que en cada momento piensas que las cosas van a seguir eternamente así y nada más lejos de la realidad!
ME ha encantado tu post!
Besotes!

Natalia dijo...

Hola Pettro!!! Qué bueno que te haya gustado! Sí, es verdad que hasta que no eres mamá, ni te imaginas lo desafiante que puede llegar a ser la experiencia. Gratificante pero difícil al mismo tiempo.

Un abrazo!

Bren dijo...

Yo creo que son dos cosas distintas el hecho de las cosas cambian, nada sigue "siempre igual" y el que no existan los "para siempre! ni los "nunca"... El ejemplo típico es el amor a nuestros hijos. Si bien cambia, se transforma, si que es "PARA SIEMPRE" y "NUNCA" se va a acabar, como puede acabarse el amor en una pareja.
Es mi opinión claro. Un abrazo Naty!

Natalia dijo...

Hola Bren. Sí, es verdad, es amor absolutamente incondicional!

A lo que me refiero es a los momentos de la vida, tanto los difíciles como los felices. Pensar que ninguno de ellos es para siempre me hace bien. En los malos momentos porque no me siento enclaustrada y desesperanzada... Y en los buenos, porque los aprovecho más y tengo más consciencia de ellos.

Y bueno, el modo de amar a los hijos también va cambiando. La intensidad es la misma, pero se expresa de diferentes formas. Cuando eran guaguas (bebés) tenerlos pegados al propio cuerpo era un acto de amor. Luego, darles alas y herramientas para salir al mundo es un acto de amor. A veces también se nos olvida eso (si vieras cómo sufrí porque este fin de semana mis hijos fueron a su primer campamento de scout... Pero dejarlos ir fue dejarlos crecer, una forma diferente de amarlos).

En fin, que todo cambia y se transforma. Por supuesto que nunca dejando de amar a los hijos como los amamos :)))

Un abrazo!

Carolina García Gómez dijo...

Me emociona mucho que la experiencia con nuestros hijos nos haya cambiado de esta forma tan fabulosa. Somos otras, más abiertas, más conscientes, más dispuestas a ser felices y dejarnos sorprender. Un abrazo y celebro esta transformación.

Natalia dijo...

Carolina: sí, las situaciones límites que hemos vivido nos han cambiado para bien. Es una satisfacción sentirlo así, ¿cierto?

He querido comentar tus 2 últimos posts y se borran... Ahora parece que don blogger está enojado contigo :(

Un abrazo grande!

Jorge Sanchez dijo...

Tuve una persona que me corrigio justo al momento de utilizar estas y otras palabras radicuales e irreales. Esa persona es mi psicologa. Cuando utilizaba alguna de estas palabras de inmediato y sin piedad interrumpia mi dialogo abruptamente con un sustituto de esa palabra.

Por ejemplo si yo venia pensando decir: "en mi trabajo nunca me toman en cuenta" al momento de decir "nunca" ella replicaba "pocas veces" y me sacaba de mi contexto.

Al principio fue un poco molesto la verdad, pero yo pedi explicacion del porque me interrumpia de esa forma mientras yo expresaba mis pensamientos y ella pacientemente me indicaba la importancia de borrar esas palabras de mi imaginario para dejarlas de usar.

Hoy dia puedo decir que gracias a Dios y a la ayuda de mi psicologa muy pocas veces pienso con esas palabras.

Bonita publicacion, gracias :)