miércoles, 8 de febrero de 2012

"Mamá, No Me Cortes El Pelo"

Siempre he sido de esas personas que dicen las cosas de manera directa. De hecho, es una característica que muchas veces me ha traído problemas. A veces paso por pesada, dura, poco considerada con los sentimientos de los demás y un largo etcétera.

La verdad es que no es algo que me haya propuesto. Simplemente soy así, pero me gusta, a pesar de las impresionas negativas que algunos puedan llevarse de mí. Creo firmemente en el valor de la verdad y me resulta tan natural decirla y de forma clara, que al menos sé que soy consecuente: en este aspecto siento, pienso y actúo de una sola forma.

Por eso me es muy difícil manejarme con personas que creen que no nombrar es hacer desaparecer, que no mostrar es aminorar, que disimular es cambiar algo de la realidad. Yo digo, muestro y nombro. Nunca he encontrado el beneficio de ocultar la realidad.

Respecto de la hipoacusia (sordera) de mi hijo Cristóbal, es cierto que hubo un período en que oculté su diagnóstico. Es que no podía yo misma con una verdad que me pesaba demasiado en el alma... Y hablar de ella era para mí absolutamente imposible. No sabía cómo decirlo, cómo contarle a las personas que mi hijo no escuchaba (escuchaba poco, en realidad). Nunca podía adivinar si de mi boca saldrían palabras o un grito de dolor.

Sin embargo, a medida que pude asumir la realidad y elaborar el duelo, siempre es un tema que trato con mucha naturalidad. Incluso con personas que no lo han mencionado. Y noto que al ser yo la que da el primer paso, los otros se relajan y pueden preguntarme, comentarme o hablar de la discapacidad de mi hijo. Es como cortar una tensión que los demás ponen porque no saben cómo reaccionaré si acaso me hablan del tema.

Cristóbal ya tiene 9 años. Sus procesos, su duelo, sus sentimientos frente a su hipoacusia ya no depende completamente de lo que yo haga o diga. Cuando era muy chiquitito, él tomaba mis actos como la única forma de reaccionar o vivir su discapacidad. Era más fácil. Ahora no: su proceso y el mío han seguido por caminos diferentes, y eso no es malo ni raro. Él es un niño, yo soy adulta... Y además, el que vive con la hipoacusia es él, no yo, por mucho que intente acompañarlo y por mucho que sienta a mis hijos como pedazos de mí misma.

Este verano fui a la peluquería a pedir que le cortaran el pelo a Pedro corto, muy corto. Es más práctico, más fresco, y a él le gusta cómo se ve "peladito". Cristóbal, en cambio, se niega a hacer lo mismo. El motivo: no quiere que se vean sus audífonos.

Parece lógico. Los audífonos no son bonitos. Pero, si lo pienso mejor, tampoco son algo feo, vergonzoso, sucio... No sé cómo explicarlo... No son algo para andar luciendo como una joya, pero tampoco algo para ocultar como un defecto.

Lo he dejado decidir y no le he puesto trabas. Él no quiere mostrar sus audífonos porque así se siente más cómodo. Pero yo no puedo dejar de preguntarme ¿Porqué? ¿Para qué? Su hipoacusia es parte de lo que es él, una parte importante, determinante, un aspecto que lo ha llevado a ser el niño que es (uno maravilloso, inteligente, encantador, delicioso, ¿sigo?). 

Y me pregunto cuánto tiempo le llevará asumirse tal cual es. Intuyo que de aquí a la adultez no podrá hacerlo completamente. Y no quiero apurarlo, pero sí darle herramientas para que en cada etapa de su vida lleve su discapacidad con la menor molestia posible.

Sé que sólo me queda acompañarlo y apoyarlo, a la vez que le voy mostrando que para mí no hay nada que ocultar, que yo no tengo vergüenza, pudor ni nada de eso. Supongo que si soy un modelo para él, le será un poco más fácil llegar al punto en que decida su corte de pelo guiándose por criterios como la estética o  la comodidad, no por la presencia de sus aparatos.



Así de corto tuvo Cristóbal el pelo alguna vez. Y se veía liiiindo (¿se nota que soy la madre de la criatura?, jejeje!). Hoy esto sería impensable.



11 comentarios:

MisMellis dijo...

Supongo que a Cristobal le costará un poco asumir esos audífonos como parte de él mismo y no como algo vergonzoso o incómodo, aún es pequeño y supongo que lo ve como algo que le hace ser "diferente", imagino que según vaya madurando los irá sumiendo y no le dara verguenza o miedo enseñarlos o que se vean.
Para eso tiene una madre que seguro le va enseñando poco a poco a que no pasa nada por llevarlos, que gracias a ellos puede oír lo que sucede a su alrededor y que él no es diferente por tener que llevarlos...
El hijo de una amiga de mi madre lleva audífonos desde bien chiquito, y recuerdo que le costaba, que se los quitaba, ahora ya es un adolescente que ha aprendido a verlos con normalidad.
Seguro que dentro de poco Cristobal aceptará que le cortes el pelo para ir fresquito y guapete... y si prefiere ir con melenas pues que luzca melenas y punto...

Chitin dijo...

Tú conoces a tu hijo mejor que nadie, pero quizá no sea cuestión de que él lo haya asumido o no, o le de vergüenza o no...se me ocurre que quizá no quiere que la gente que va conociendo le pre-juzgue o le trate de manera diferente porque ve sus audífonos, si no los ven lo trataran de igual a igual...quizá es eso lo que él pretende.
Él no se siente diferente de los demás y no quiere que lo traten de forma diferente.

Natalia dijo...

hola natalia! como estás?? lei tu post y aparte de encantarme como está escrito me surgió un comentario o más bien pregunta o no sé bien qué pero quería compartirlo contigo: cuando uno tiene un defecto, no le gusta mostrarlo (yo que sigo con espinillas, me pinto pa que no se vean y y así una larga lista), entonces, no es parte de 'normalizar' los audífonos el permitirle sin problemas que no quiera mostrarlos? me imagino que la respuesta a eso es el límite del trauma, si ocultarlo responde a eso, ya no es irrelevante, pero si simplemente es que no quiere andar mostrándolos, quiza no tendria nada de preocupante, es simplemente parte de su noción de estética... un gran abrazo, jose

Natalia dijo...

Tu le acompañas siempre, les das las herramientas para que sepan usar en cada ocasión la que más le convenga, y él ha optado por no cortarse el pelo, bueno, es una técnica y es su decisión, respetable totalmente, creo que aún es jovencito y los niños pueden ser muy crueles, y si así él se siente seguro adelante!! ya llegará el día en que alguna jovencita (si, cielo ni tu ni yo..) le dirá "cortate el pelo" y él raudo y veloz irá a afeitarse la cabeza si es necesario....tiempo dale tiempo... esta manera de dejarle escoger y decidir es un bagage más, una enseñanza. Como siempre tus reflexiones maravillosas. Besos

Montse

Natalia dijo...

Mis Mellis: A lo que le temo es a la crisis de la adolescencia! Ahí sí que querrá ocultarlos y sacárselos... No sé porqué tengo esa idea de lo que será esa etapa. Por eso cuido tanto que este tiempo sea una buena base... Porque le temo a lo que viene después.

Chitin: Puede ser cierta tu hipótesis. No estoy dentro de su corazón, y él no es tan consciente de sus procesos como para poder explicármelo bien. En todo caso, las personas que pre-juzgan lo ven interactuar y a los 30 segundos ya se acapabron los prejuicios de lado (en general... Siempre habrá gente tonta que nunca dejará de vivir desde el prejuicio).

Jose: tiene toda la razón. Por eso mi pregunta es ¿porqué?. Si es porque los considera feos o no quiere que le pregunten mucho, está todo bien... Es parte de normalizarlos, como dices. Pero no sé si es eso o más bien un deseo por callar y callarse a sí mismo una realidad que le duele. En el segundo caso, hay más trabajo por hacer. En el primero, todo bien. Y si hay más trabajo por hacer, me gustaría saberlo para ponerme manos a la obra.

Montse: ya te respondí en fb, pero es que me encantó eso de la jovencita que en 3 segundos lo tendrá convencido (grrrrrrrr!). Es TAN cierto! Y tan divertido... Todo el esfuerzo de las madres se esfuma en un segundo cuando aparece la jovencita aquella, jajajajaja!

Un abrazo a cada una!

Jesús dijo...

todavía es pequeño, y poco a poco irá dandose cuenta de que forma parte de él. yo tuve a una niña con hipoacusia en las prácticas (8 años) y no le daba apuro enseñar sus audifonos. aunque como dices en una respuesta de otro comentario, el problema puede venir más tarde. te voy a poner un ejemplo, yo llevo gafas desde pequeño y a mi me daba apuro ponermelas, porque la gente me preguntaba, mis compañeros me preguntaban y me hacia sentir incomodo. poco a poco fui aprendiendo que eran una herramienta para ver mejor y que serían parte de mi, y probablemente, si las cambiara ahora por unas lentillas, me sentiría raro de nuevo. ya sé que el ejemplo no tiene nada que ver con el de tu hijo, pero es una manera de decirte que poco a poco irá entendiéndolo, y cuando el se sienta "diferente" , tú estaras ahí para darle tu apoyo y explicarle que, gracias a sus aparatos, el puede escuchar mucho mejor, y le hacen ser la gran persona que es.

besos

Andrea y Romina IntegrameIntegrate dijo...

Todos tenemos algo que "ocultar". El que se siente "gordito" cubre su panza, o esos rollitos que sobran. Otros los lunares, o si las orejas están más puntiagudas de lo "normal".Y en definitiva esa es la palabra que hay que cambiar en el diccionario "normal" porque parece que usar algo o tener algo fuera de eso, te desubica en la sociedad. En cuanto a los audífonos, estamos acostumbrados a ver a los viejitos usarlos y no a niños. Y claro! cómo no entenderlo ! si deben clavarle la mirada cuando sale!, digo, la sociedad. Esa sociedad que JURA ser indiferente a eso, o que JURA ser humilde.. esa misma sociedad es la que después te pone los ojos todo el rato mirándote como si fueras algo de otro planeta .
Debe ser difícil, y seguramente que la madurez con el tiempo, le hará entender que nada de eso importa, sino como él se siente y que es hermoso con eso o sin eso.

saludos para los 4 !! :)

Natalia dijo...

Hola Jesús. No creo que sea un mal ejemplo comparar los audífonos con anteojos. La diferencia es que los anteojos son más comunes y casi todos los niños saben para qué son. A mí hijo no le gusta explicar... No sé bien porqué. Pero es cierto, con el tiempo los sentirá más parte de él.

Andrea: la verdad es que las miradas son descaradas. La gente es muy extraña... no sé qué le extraña tanto de ver un par de audífonos... En un niño lo entiendo, pero los adultos también miran, y mucho, mucho. Cristóbal lo nota y odia que eso ocurra. Yo le explico que es curiosidad, pero probablemente él lo siente más agresivo que una mera mirada de curiosidad. En fin, tendrá que acostumbrarse mi niño o tendrá que cambiar la sociedad. Yo trabajo porque lo segundo ocurra!!!

Un abrazo a cada uno!

Jirafa dijo...

Me ha llegado especialmente este post. Tu hijo probablemente no esté preparado para mostrar sus audífonos o tal vez sí pero no para "dar explicaciones" o tener que responder preguntas impertinentes. Creo que cada cosa tiene su tiempo y me gusta que respetes la decisión de tu hijo y que sienta que lo acompañes y que vea que no pasa nada por llevar audífono, que forma parte de él. A veces, uno está preparado y lo acepta pero es la sociedad la que te hace sentir diferente. Con los años y la madurez, llegará un momento en el que no le importe ni que se vea ni necesite explicar nada.
Te leo en muchas ocasiones, aunque no siempre he comentado.
Te invito a visitar el rincón de esta jirafa.
Saludos

cintia dijo...

Yo te iba a decir mas o menos lo que te ha dicho jose, asi que no me repito. Le comprendo muy bien, a todo el mundo le gusta ser normal, aunque solo sea para evitar comentarios molestos o preguntas que te han repetido miles de veces.
A mi me pasa con mi religion a veces me dan ganas de no salir de casa por no tener que aguantar las preguntitas de siempre y desde que voy con el carro de los trillizos mas. Y no tengo ningun problema con mi religion, me encanta y estoy super orgullosa de ser musulmana, pero hay cosas que cansan, y los que tienen problemas con ello son los demas. Puede que a tu hijo le pase algo parecido, que es duro tener que dar explicaciones de algo muchisimas veces cada dia, que alguien te vea su audifono en su caso o mi pañuelo en el mio y te pregunte que es eso, para que, porque,desde cuando...o que alguien valla a hablarte en la panaderia y en vez de mirarte a los ojos como todo el mundo te mira la cabeza o que es eso que asoma de tu oreja. A veces la curiosidad de la gente, dentro de que es comprensible, es molesta a quien la padece.

Anónimo dijo...

Mi hija todavía no dice nada al respecto (tiene 6), pero a mí me pasa que cuando la llevo a cortarle el pelo, siempre pido que no le corten recto el flequillo porque así es típico de las nenas con síndrome de Down. Obviamente, no oculto su discapacidad (aunque lo quisiera, no podría por los rasgos característicos), pero tampoco me gusta estandarizarla. Ella es así, hermosa con su flequillo desmechado. Tampoco me gusta ponerle ropita demasiado escotada porque se ve la cicatriz de su operación de corazón. Y está claro que no me avergüenza, pero me parece que la estaría victimizando. Ufff, cuántas vueltas tiene nuestra cabeza! No? Veremos qué dice ella cuando tome conciencia de sus diferencias ...
Besos, y sigo leyendo para ponerme al día!
Claudia, mamá de Melina