lunes, 20 de febrero de 2012

Tolerancia a la Frustración

Muchas veces escucho en mi consulta a padres exclamar "¡No queremos que nuestro hijo se frustre!". Lo dicen como si frustrar o permitir la frustración en un niño fuese hacerle un daño.

Hoy voy a intentar explicar porqué este concepto es errado y porqué debemos permitir y propiciar experiencias que, paulatinamente, ayuden a nuestros hijos a aprender a tolerar la frustración.

El mundo no es perfecto y lo que nos ocurre no es necesariamente lo que hubiésemos deseado. Lo sabemos quienes hemos recibido un diagnóstico de discapacidad acerca de un hijo, y también lo saben otros adultos: los que no han conseguido el empleo que querían, los que han tenido una desilusión amorosa, los que no pueden tomar vacaciones en el lugar que quisieran o simplemente no pueden tomarlas, los que han visto derrumbarse un proyecto que construyeron con ilusión, los que padecen alguna enfermedad o limitación física que les impide actuar con la libertad que desearían... En fin, ¿quién no ha vivido la experiencia de sentir frustración? Me atrevería a asegurar que nadie.

La diferencia entre unos y otros es el nivel de tolerancia que tenemos hacia ella. Hay veces que la frustración nos resulta poco tolerable (sí, a los adultos también nos ocurre) y tenemos reacciones catastrofales: nos deprimimos, nos desesperamos y perdemos nuestro centro.

Hay otras personas, sin embargo, que a pesar de sentir profunda frustración, tristeza o impotencia por una situación determinada, logran tolerarlo mejor. Tienen una entereza interna que les permite seguir luchando, seguir de pie y/o asumir que en ocasiones las cosas no resultan como queremos sin sentir que todo está perdido. Eso es tener tolerancia a la frustración. Eso es ser resiliente, es tener la capacidad para salir adelante a pesar de las situaciones adversas de la vida.

Si desde pequeños intentamos "acolcharle" la vida a nuestros hijos y evitarles cualquier pequeño dolor o frustración, ¿cómo aprenderán a manejarse frente a ella? Es necesario, nos guste o no, permitir que, paulatinamente, la frustración se transforme en parte del repertorio de experiencias a las que nuestros hijos acceden. Sólo así aprenderán a ser resilientes e irán probando su propia fortaleza para tolerar y enfrentar las dificultades.

OJO: Con esto NO me refiero a:
  • La retirada del amor. Condicionar el amor de un hijo es algo que lo inseguriza y que jamás debe ocurrir. Frustrar no significa hacerle sentir que lo querrás menos si no cumple con ciertas expectativas.
  • La insatisfacción de necesidades básicas. A veces lo padres creen que para enseñarle a un hijo a tolerar la frustración deben quitarle o restringir el acceso del niño a la satisfacción de sus necesidades básicas. Los derechos de un niño siempre deben ser respetados.
  • La angustiante experiencia de ser continuamente amenazado. "Si haces eso te quitaré aquello", "Si no me obedeces, no te llevaré a tal lugar". Esto es muy tentador. Me atrevería a decir que casi todos los padres lo hemos hecho alguna vez, sin embargo, no produce más que sensación de injusticia en la medida en que se trata de manipulación pura.

Permitir que el hijo se frustre consiste en enseñarle, acompañarlo y motivarlo a aprender a esperar (por ejemplo, para recibir su comida mientras ésta se está calentando), mostrarle que no todos los juguetes u objetos pueden ser suyos (no evitar pasar por el sector de juguetes de una tienda. Permitirle la experiencia de soñar con tener algo sin necesariamente obtenerlo de inmediato), hacerle ver que el esfuerzo personal es una buena forma de obtener logros y cumplir sueños (ayudar en los preparativos para disfrutar de una entretenida fiesta, ahorrar para comprar un juguete), hacerle ver que no todos a su alrededor tienen o logran lo que desean de forma instantánea, y aún así pueden ser muy felices, etc, etc.

Enseñar tolerancia a la frustración es un proceso lento, que comienza pasados los primeros meses de vida. En un principio el bebé no es capaz de tolerar la frustración y requiere de la satisfacción inmediata de sus necesidades básicas. Es un proceso difícil, tanto para los cuidadores como para el menor. Y lo más paradójico de todo es que pone a prueba nuestra propia tolerancia a la frustración. Porque... ¿A quién no le frustra ver a su hijo frustrado?. 

Pero si queremos que nuestros niños aprendan a sobreponerse, a levantarse luego de una caída, a confiar en sus recursos personales y en lo que el mundo les puede entregar, no hay otra que acompañarlos en este proceso. Se aprende a ser fuerte siéndolo. Y para eso estamos madres y padres: para contener y acompañar el difícil proceso de asumir que no todo es cómo quisiéramos y que la felicidad no depende de la satisfacción automática de nuestros deseos, sino de nuestra capacidad para mirar la vida con positivismo y vivirla como se nos presenta: con todo lo bueno y lo malo que nos regala.




23 comentarios:

Manuelita dijo...

Muy útil, muchas gracias!! lo que dices son cosas que las hemos pensado con el papá y que en ocasiones nos resulta difíciles, pero necesarias.
Nuevamente gracias

Natalia dijo...

Hola Manuelita. Me alegra que te resulte útil. Es difícil... Una de las cosas difíciles de la mater/paternidad creo yo. Pero nadie nos dijo nuinca que sería fácil ;-)

Saludos!

José Vicente Baeza González dijo...

Me ha encantado.

Yo soy también de lo que piensan que junto a aburrirse, frustrarse es una de las grandes tareas que tienen que aprender los niños. Tienen que aprender a frustrarse y a reponerse.

Con tu permiso lo publico en el facebook de Diariodeuncacahuete.com

Saludos!!

Maribel dijo...

Pues me vas a permitir que por una vez no este de acuerdo contigo, o quizás no del todo, con matices.
Efectivamente, en la vida nos ha tocado y nos tocara vivir experiencias frustrantes, pero no por eso se las vamos a proporcionar adrede a nuestros hijos, bastante tendrán con lo que no se pueda evitar.
Prepararles para enfrentarse a ellas no quiere decir exponerles a ellas si se puede evitar. Igual que intento preparar a mi hijo para enfrentarse al dolor y no por ello le pongo a prueba con experiencias dolorosas.
En el día a día hay muchas experiencias frustrantes para los niños (no son comparables, claro, a las que tendrán de adultos) no es necesario darles mas.
Me parece bien que aprendan a esperar, por ejemplo, cuando hay un motivo, pero no hacerles esperar porque si, para que aprendan a tolerar esas situaciones.
Yo intento evitar las situaciones desagradables a las personas a las que quiero, mayores y pequeños, bastante tendrán con las que no se pueden evitar.
Espero que no te moleste que esta vez no te de la razón del todo.
Saludos.

Natalia dijo...

Hola José Vicente. Claro que puedes publicarlo. Me parece muy bien.

Maribel: No, cómo me voy a molestar? Se trata de generar discusión, de poder conversar y dar diferentes puntos de vista!

Te cuento que este post lo escribí desde mi faceta de Psicóloga, de lo que he leído, estudiado y he visto en mi consulta. Pero también lo escribí porque este fin de semana mis hijos tuvieron una experiencia terriblemente frustrante para tres niños de 9 años, e incluso para los adultos que estuvimos con ellos. Fue una experiencia que nadie quiso producir... simplemente ocurrió. Y me sorprendió lo maduros que fueron: no les gustó nada, pero se repusieron y salieron fortalecidos. Me quedé pensando y lo atribuyo, entre otras cosas, a que son trillizos y están acostumbrados a no ser el centro del universo. Cada uno se sabe profundamente amado, pero han aprendido a esperar, a compartir el amor, a que no todo se puede ni se logra. Ya sabes... Quieren ir a Disney y estamos entre todos ahorrando para ello. Lo vamos a lograr (obviamente me tendré que encargar de ello, aunque lo que ahorremos no alcance).

El mensaje no es "frustre a su hijo", sino "deje que la vida se vaya expresando tal cual es de manera paulatina y acompáñelo cuando se sienta frustrado... No corra a cambiar el mundo para él."

En fin. Sé que hay madres que no estarán de acuerdo y en eso está la riqueza de mi blog. Todas pueden opinar.

Un abrazo!

Hope dijo...

Natalia, como siempre interesantísimo tu post.

Te propongo un tema para otro, o que me ayudes contestándome en este... como tú veas y si te apetece ;)

Tengo dos mellizos de tres meses, ambos varones.
Uno de ellos reclama muchísimo mi atención, duerme estupendamente por la noche pero desde que amanece hasta que anochece no duerme nada y necesita constantemente que esté mirándole, diciéndole cositas, atendiéndole. En cuanto me despisto un poquito grita con todas sus fuerzas y llora con unos lagrimones que me desarma. Eso sí, compensa mi dedicación con miles de sonrisas y babeos satisfechos. El problema es que no tengo tiempo para el hermano mellizo, mucho más tranquilo y dormilón. Apenas si consigo darle el biberón entre los gritos desgarrados del hermano y para dedicarle algo de tiempo en exclusiva, que me parece fundamental, a veces dejo a su hermano llorando desconsolado en una habitación mientras intento no hacerle caso y dedicarle a mi bebé más tranquilo al menos unos minutos de atención. Estoy muy preocupada por ambos, por el intranquilo porque me parece demasiado inquieto y por el tranquilo porque creo que quizá lo esté desatendiendo demasiado.

Como psicóloga y madre de múltiples creo que me puedes ayudar, recomendar alguna lectura... no sé qué hacer.

Muchas gracias

Andrea y Romina IntegrameIntegrate dijo...

Natalia, si yo también creo que está mal en no dejar que nuestros hijos "sufran". O sea no es que éste "mal", claro que nunca es agradable ver que nuestros hijos tengan que pasar x determinadas situaciones tan complejas y complicadas, siendo tan chiquitos. Lastima, y seamos sinceros que deseamos muchas veces cambiar sus lugares por los nuestro, justamente para que NO SUFRA MAS.
Pero también creo que ese sufrimiento como todo en la vida, es crecimiento,y el crecer nunca es malo.
Creo que cuando más dejamos a nuestros hijos "sin ayuda" por decirlo de una manera bruta, por ejemplo; dejarlos que se aburran, o que jueguen a otra cosa solos, o que busquen ellos por momentos qué hacer... es positivo, porque también los ayuda a crecer y madurar. Y no depender 100% de los padres.
Claro que no todo se puede ir a los extremos no?, tampoco dejarlos tanto tiempo solos que se frustren en esa soledad constante.
Pero tiene que existir un equilibrio para que pueden después desembolverse mejor no?
Buen post como siempre!! saludos!!!

Natalia dijo...

Hola Hope! Es un temazo... la rivalidad entre hermanos múltiples empieza muy temprano.

Me comprometo a escribir un post acerca del tema. Aunque no puedo prometerte que será luego... Lo pondré en mi lista de ideas prioritarias.

Un abrazo!

Natalia dijo...

Andrea: estamos absolutamente de acuerdo. El límite, para mí, es no abandonar jamás, no hacerles pasar ninguna necesidad ni grandes angustias. Pero sí dejarlos, por ejemplo, intentando resolver un problema solos (un problema pequeño, por supuesto) y luego reforzar mucho el resfuerzo que ponen en ellom sin imporatr si el resultado ha sido exitoso o no.

Un abrazo!

anamaría dijo...

Si, creo que es muy importante que nuestros hijos aprendan a tolerar la frustración y eso es algo que cuando grande, de alguna u otra manera lo "agradecerán", valorando que alguna vez se les dijera: "debes esperar..." de lo contrario serán niños, adolescentes y finalmente adultos "insoportables" jejeje.
Bueno, pero creo que eso también tiene un gran matiz: cuando tu hijo tiene alguna discapacidad y se da cuenta de ello. Esa es una frustración que va mucho más allá de un juguete, un dulce o un paseo más o menos. Esa es una frustración que va creciendo con ellos y que SÍ depende del trabajo serio y consciente de los padres y sobre todo, de que primero, cada uno de los integrantes de la familia supere su propia frustración respecto de ello (elaborar el duelo se puede llamar???). Para mí, para nosotros como familia, es un trabajo constante, que cada día hacemos, sobre todo, con mucho amor (y mucho apoyo también ;). Gracias Natalia!

cintia dijo...

Yo creo qu enuestros niños al ser trillizos ya llevan esto de serie, porque desde que nos los traemos a casa aprenden a esperar y desarrollan una increible paciencia poco a poco. Lo veo en comparacion con otros niños y que siempre me dicen que que formalito son por este motivo. Ellos estan acostumbrados como dices a que saben que las cosas no son inmediatas y que todo lo que ven no es solo suyo o para el o que las personas les van a hacer monerias a ellos en exclusiva porque siempre son tres. Y aunque siguen teniendo sus berrinches y sus celos los tienen de una forma muy llevadera y saben ceder y aotra cosa mariposa.

Lo de superar tragos duro supongo que ya ocurrira si tiene que ocurrir demomento no nos ha tocado, con muy pequeños, pero para eso tambien tenemos nuestra religion que nos da mucha fuerza y esperanza en los malos momentos y confio poder transmitirles esto.

Un beso!! urrunne Place, valla ya estamos con las palabrejas esas que no consigo adivinarlas y os juro que no soy un robot!!!

Natalia dijo...

Querida Anamaria: Mi opinión personal es que el proceso de asumir una discapacidad no sólo produce frustración en el niño y su familia. Es más complejo que eso, mucho más. Hay períodos de negación, otros de profunda tristeza, otros de rabia y frustración, hasta llegar a la aceptación. Y si bien debemos también permitir que nuestros hijos vivan la frustración de su discapacidad, debemos acompañarlos en las otras etapas, haciendo con nuestros sentimientos lo mejor que podemos hacer... Mostrarlos pero no "contagiar" a nuestros niños de ellos. Y trabajarlos conscinetemente. Tú, yo y muchas madres sabemos que es un proceso largo y complicado. Por eso es que tantas veces se requiere de ayuda profesional, del consejo de otras mamás, de la paciencia de los amigos y la pareja, en fin... Es mucho más que frustración. Es un duelo con todo lo que ello implica.

Cintia: sí, también creo que nuestros múltiples tienen algo de ventaja en esto. Los míos también son "bien portados", saben esperar más que otros niños, están acostumbradísimos a compartir y no suelen hacerme pasar malos ratos en público, jajajaja! Pero también les frustra el contínuo tener que compartir. Y cuando me lo expresan, yo intento que comprendan que es la vida que les tocó y que tiene un lado muy entretenido. Pero también, en ocasiones, me esmero por darle a cada uno su espacio... Es una necesidad que cualquier ser humano tiene.

¡Un abrazo a cada una!

TC dijo...

Acabo de encontrarte y esta entrada me ha parecedo superinteresante. Yo no tengo hijos, pero creo que esto que cuentas es aplicable no solo a los niños (aunque es a ellos a los que hay que enseñar a manejarse en esas situaciones).

Me ha encantado. Gracias por enseñarnos estas cosas.

Débora #ALATIDOS# dijo...

¡Totalmente de acuerdo! Precisamente este aspecto es uno de los que tengo más en cuenta en la educación de mi hijo, y precisamente ayer "debereando" lo comentaba: "...a pesar de ser un niño muy humilde, siempre ha sido conocedor de que se le dan muy bien muchas cosas, con lo que cuando se encuentra con una que se le da "regulín", al ejercicio en sí, debemos aunar el trabajo psicológico de interiorizar que no debe suponer una decepción ni una tristeza, sino que simplemente debe "normalizar" su visión de sí mismo conociéndose, valorándose, y queriéndose como es..."
Me alegra saber, que estamos en el buen camino...
Saludos y feliz día! ✿

Natalia dijo...

Hola TC. Bienvenida/o! Es verdad que es aplicable a niños, pero también a algunos adultos... La inmediatez que caracteriza los tiempos que vivimos a veces nos hace adultos con bajísima tolerancia a la frustración.
Espero leerte seguido por aquí.

Hola Débora. Tal vez esté bien que tu hijo exprese tristeza o frustración... Es normal sentilas. Sólo debe aprender a integrar los aspectos de sí mismo que le gustan con aquéllos que no le gustan tanto... aprender a querer ambos aspectos y finalmente ser feliz como es. Es un laaaargo camino el de educar a un hijo ;-)

Abrazos!

Mami dijo...

Muy bueno Natalia! Me encanta...

Gracias por siempre dar en el clavo con tus post... :)

Saludos..

Chitin dijo...

Esta vez te ha salido la vena "psicóloga" y te ha quedado un post más profesional que maternal.

Yo es que no me he planteado eso de la frustración con el niño, creo que más bien he comparado como nos han educado a mi hermano y a mí y como veo que han educado mis suegros a mi marido y a mi cuñada y definitivamente tengo claro lo que voy a hacer con nuestro hijo y lo que no.

Mis padres siempre tenían un beso, un abrazo, una caricia para nosotros, pero siempre pusieron las alegrías y las penas "encima del mantel" y desde bien pequeños entendías que no se podía tener todo, pero que si te esforzabas podías conseguir tus metas.

No por esconder los problemas a un hijo, los problemas desaparecen, tampoco es cosa de contarlos a niños pequeños, no me malinterpretes. Pero ahora veo como reacciono yo a los problemas y como reacciona mi marido por ejemplo, y creo que tengo más recursos, más imaginación, no sé...
más planteamientos para resolverlos, más experiencia.

Ale dijo...

PAra variar, muy de acuerdo con tu postura, recuerdo a mi niño a los 6 meses dándose de CABEZAZOS contra la pared cuando no lograba tomar un juguete con sus manitas... Desde ahi partió nuestra lucha pro-tolerancia a la frustracion.
Además, complementando eso, hace un par de dias, lei sobre, salirse de la zona de confort y como eso te hace crecer y madurar... y uff que me ha hecho sentido!! Quizas es un segundo paso: toleras bien la frustracion y te aventuras a salir de tu zona cómoda.... y creces!!!
Un abrazo grande!!!

Natalia dijo...

Hola mami. Me alegra mucho que te haya gustado.

Chitin: Me gusta lo que cuentas acerca de cómo te criaron tus padres, Yo intento ser una madre como describes a los tuyos.
Y ¿sabes? El post parece escrito por la Psicóloga, pero lo escribí a raíz de una frustración enorme que tuvieron mis hijos el fin de semana. Se quejaron, lloraron, pero manejaron muy bien sus emociones y lograron sobreponerse. Estoy orgullosa de ellos!

Un abrazo para cada una!

Sabina Atalaski dijo...

Nata, te leo hace raaato, pero hasta ahora no había escrito (creo!). Me encantó este post, porque creo que últimamente los padres le rehuyen a la frustración de sus hijos como a la peste.

Tal como explicas muy bien tú, yo soy una convencida de las ventajas que una actitud empática, cariñosa y solidaria, pero no proteccionista, para con nuestros hijos, es la mejor herramienta que les podemos dar para una adultez un poco menos difícil.

Así como tiene millones de cosas bellas, la vida está compuesta siempre de momentos duros, de tristezas y desiluciones. Es lo que le da la riqueza y la valoración de los momentos alegres y la búsqueda de un futuro mejor, donde los sueños son el combustible.

Como padres, tenemos la obligación de enseñar, amorosamente, esta realidad a nuestros hijos y acompañarlos cuando las cosas no van como ellos esperan. Hacerles ver que aún cuando uno muchísimas veces no puede controlar lo que le pasa, SIEMPRE puede controlar cómo se comporta frente a las circunstancias que la vida le pone. Ese es un regalo para nuestros hijos y todas las madres y padres deberíamos enseñarles eso.

Gracias por un hermoso blog y por compartir de manera tan generosa tu vida. Un abrazo.

Reina dijo...

Natalia, gracias por la entrada :) Yo creo que muchos padres de hoy en dia tratan de acolchar la vida de sus hijos para acallar a la culpa que llevan dentro por no dedicar todo el tiempo que querrian a sus hijos por motivos de trabajo o bien xq cuando estan con sus hijos no les dan atencion al 100% (chequeando mail, pensando que cenar, pensando en problemas....).

Hope, yo tambien tengo mellis y cuando los mios tenian 6 meses o asi, alguien me dio un consejo que no olvide. La atencion no hay que darla por igual, hay que darle a cada uno la atencion que te pida. Tu bebe tranquilo no te necesita tanto por eso no lo pide. Cuando lo necesite lo hara. No te preocupes y disfrutalos.

Irantzu dijo...

Sobre la frustración, muy de acuerdo. Yo soy de explicar y acompañar, de enseñar a esperar y a esforzarse... de recalcarle que valore los logros y no se quede pegado en los fracasos... de a poco ha ido entendiendo y creciendo en este aspecto... (siembra, siembra, que cosecharás...) :)

Pero me queda dando vueltas el tema de las "amenazas". La verdad es que las odio, pero a veces las utilizo, como último recurso y con cosas puntuales y que cumplimos para que tengan sentido. No me gustan, yo no soy de castigar, creo que hay que buscar siempre la causa del "mal comportamiento" y lo hago, pero a veces paralelo a esa búsqueda y como medida de emergencia para atajar algo, después de explicar 1, 2, 3 veces, tengo que llegar al "o lo entiendes con palabras, o no juegas en el compu hoy"... y funciona. Y odio que funcione. Odio que cambie una conducta por el interés de jugar en el compu y no porque entienda la importancia de no molestar al gato por ejemplo, pero así me pasa. En general funciono con sólo diálogo, pero hay días... en que sólo la amenaza lo frena... me preocupa saber porqué, siempre hablamos después, pero no puedo dejarlo seguir haciendo y así (con la amenaza) controlo los daños...

Anónimo dijo...

Hola mi hijo tienr un temperamento muy fuerte geneticamente ahora tiene 18 meses y comence a darme cuenta que en los juegos didacticos se frustra al no apuntarle de primera a los orificios de circulo,triangulo,etc.,